¿Parto natural?

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Hablar de “parto natural” a menudo nos lleva a mal entendidos, ambigüedades y, en el peor de los casos, a falsas expectativas que pueden conducir a un sufrimiento indeseable. Pero sobre todo, y antes de hablar, es preciso escuchar. Y observar. Y acompañar construyendo la relación desde el respeto, con-ciencia y empatía, otorgando a la mujer y al bebé el lugar que les corresponde, en el centro del acompañamiento, a lo largo de todo el recorrido de maternidad siempre, tanto cuando las cosas van sobre ruedas, como cuando se tuercen. Y, sobre todo, no engañar(nos). Por esto y más apostamos por un modelo de atención a la salud que sea promotor de la misma y que no está reñido con el modelo tradicional terapéutico-asistencial. Y por ello y más apostamos por sostener siempre (desde) la fisiología, también cuando aparece el síntoma, hasta cuando ya está allí la enfermedad. Se trata de una actitud gestáltica y salutogénica a la vez.

Tras leer las consideraciones de Anna Maria Rossetti, matrona y actual Directora de la Escuela Elemental de Arte Obstétrico de Florencia (Italia), he sentido la urgente necesidad de traducir su voz, divulgar su texto, ponerlo al centro de nuestro debate feminista y al servicio de quienes sentimos que el camino para restablecer relaciones saludables y afectivas de calidad y calidez comienza antes de nacer, pasando por el  nacimiento y por los factores que lo protegen, así como por el encuentro de miradas, amor, lactancia y acogida tras el parto. En este caso también las palabras hablan de nosotr@s. Gracias Anna Maria por poner tus siempre tan sublimes palabras a mucho de lo que también siento, comparto y vivo.

Cuando nosotr@s, l@s profesionales del parto, hemos perdido el significado del término Natural. Y, tras nuestro, tod@s l@s demás.          De Anna Maria Rossetti.

¿Cuándo ha ocurrido?
Leo la terrible historia de una mujer inglesa que narra su experiencia de parto/nacimiento traumático en un Hospital británico. La historia relata un embarazo seguido sin continuidad de asistencia, por matronas siempre distintas, cursos de preparación al parto pagados flor de esterlinas, de los cuales la mujer se lleva un sustancial juicio negativo con respeto a su elección de solicitar una epidural en el parto y una falta absoluta de escucha con respeto a su necesidad de redactar un plan de parto. Bajo el lema “natural es mejor”, la mujer se prepara a parir sin tener estrategias de afrontamiento y viéndose negada de la indispensable asistencia. Así comienza su trabajo de parto. Los pródromos la llevan hasta el hospital, donde se ve devuelta a su casa, sola, con el diagnóstico “esto no es nada, vuelva más tarde”. Y luego sigue su historia de mal posicionamiento fetal, de occipital posterior, de una primera epidural que no hace efecto, y una segunda, del bebé que se bloquea en el canal del parto (riesgo mayor con epidural si ésta produce un hipotonía pélvica de la madre y riesgo reducido si el fármaco no produce bloqueo motor), aplicación de fórceps, la imagen de este médico colgando físicamente de las pinzas, las cuales envuelven el cráneo del bebé aún dentro de la vagina de la madre. Hacía 30 horas que la mujer estaba en ayunas.

El titular del artículo en D-LaRepubblica es “El innatural sufrimiento de un parto natural” (traducción posible via Google -NdT). Un título que chirría ante mis ojos, ya que en esta historia no veo absolutamente nada de natural. Hemos llevado las mujeres a creer que natural significa sin fármacos, sin la ayuda de nada y de nadie, estoicamente, como en guerra. Y es una falsedad. Un parto, aún sin fármacos, puede ser naturalmente un infierno, si y cuando la fisiología no está protegida, reconocida, restablecida en caso de desviación, y mantenida.

Insisto en algunos pasajes del relato:

“La matrona que me exploró en el hospital me dijo que volviera a casa, no estaba suficientemente dilatada (solamente 2 cm y no los 4 necesarios) para quedar ingresada. Estaba asustada. No tenía ni idea de cómo poder entender cuando sería el momento correcto para volver, porque ya tenía contracciones todo el tiempo. Me negué a dejar el hospital. Y ellos se negaron a asignarme una cama. Mi castigo fue un cuartucho sin ventanas, donde solamente había una silla. Y, por más inri, la planta de maternidad estaba vacía! Al principio recuerdo encontrarme bien. Quedarme había sido mi decisión”.

Mi mirada de matrona reconoce cuatro datos fundamentales en este pasaje:

  • El primer dato se refiere a la perversión de la ciencia obstétrica: hemos creado la obstetricia cervicéntrica, es decir la obstetricia que no mira a la cara a la mujer, no observa su adaptación comportamental, relacional y tampoco hormonal a lo largo del trabajo de parto (¿Tiene más hormonas del estrés o más hormonas de contracciones? Se trata de hormonas diferentes y contrapuestas, es importante saberlo), sino que solamente mira el cérvix uterino. El cuello del útero es el centro, el foco, todo lo demás es para aburrirse. Si el cuello del útero dice que no tienes que parir en breve no eres de interés clínico, no mereces un ingreso, vuelve cuando es el momento.
  • El segundo dato es clínico: los pródromos durante el trabajo de parto son funcionales al correcto posicionamiento fetal (útero como órgano de orientación fetal hasta que el cérvix no está abierto para permitir el paso al bebé), las contracciones espásticas cada dos minutos son fisiológicas inmediatamente tras la ruptura de las membranas debido al cambio de volumen uterino: el útero “reajusta” su forma según el cambio del volumen de su contenido, pero pocos minutos son suficientes y mantener esta dinámica de contracciones ya no es fisiológico, por lo que llevaría mis ojos a valorar la postura, el plano y la orientación del bebé y, junto a ello, el estado metabólico de la madre, traducido sería “desde cuando no come, no bebe, no duerme?”. Digámoslo así: si el útero, antes de “abrirle la puerta al cérvix” debe orientar al bebé, en caso de un bebé mal posicionado producirá contracciones anómalas, rápidas, frecuentes y muy dolorosas. Su invitación al bebé será “¡Muévete! ¿Coloca bien la cabeza!” y si este cambio en la postura del bebé no ocurre, el útero y su señora dueña pueden terminar con un gran agotamiento físico y metabólico; la mujer puede experimentar contracciones espásticas y seguidas, pero irregulares y rápidas durante horas y días y no conseguir dormir, ni beber, ni comer. Y todo esto se ha de evitar ¿cierto? ¡Al servicio de ello debería estar el arte obstétrico! Existen herramientas que las matronas deberían conocer y poner a disposición de las parejas: tratamientos preventivos y correctores de reordenación uterina, del raquis materno y de los músculos psoas, tratamientos dulces de quiropráctica, osteopatía, Spinning Babies (Tully), de la práctica del rebozo mejicano, de las técnicas del polarity y más allá…Lamentablemente la formación medicalizada de las matronas ha empobrecido institucionalmente el arte, ha apagado las manos, miniaturizando su capacidad clínica.
  • Otro dato se refiere a la observación del eje neuroendocrino de la mujer, es decir su sistema nervioso autónomo (no controlamos voluntariamente nuestras respuestas a los estímulos estresores tales como el dolor) y, por consiguiente, sus hormonas. Ahora bien, vamos a dar un paso atrás con respeto a esta famosa naturalidad del parto: en la fisiología, las hormonas que regulan las contracciones y, por lo tanto, el posicionamiento óptimo del bebé, son oxitocina y endorfina. Estas dos hormonas no actúan exclusivamente sobre el útero, sino también sobre el cerebro, son ansiolíticos. La oxitocina en particular inhibe la función de la amígdala, un área de nuestro cerebro donde producimos ANSIEDAD y RABIA. La oxitocina natural que las mujeres liberan durante el trabajo de parto reduce la ansiedad y la rabia hasta notar la ausencia total de ambas emociones. Estamos hablando de un trabajo de parto normal. En cambio, las hormonas que nos permiten responder al dolor son las del estrés: adrenalina y cortisol. Si miramos el parto solamente desde una mirada medicalizada llegaremos a considerar que para parir es suficiente tener la adecuada cantidad de oxitocina para abrir el útero y sacar al retoño. Pero si esto fuera verdad no tendríamos mujeres que paren sintiéndose de maravilla, eufóricas, la mar de guay, apagadas y mujeres que paren sintiéndose fatal, miserables, enfadadas, asustadas, ansiosas, depredadas de su identidad, víctimas de un rollo sin sentido.

La fisiología prevé, en efecto, no solamente la expulsión del feto desde el útero materno. La naturaleza quiere que la mujer PARA BIEN (léase: bien PARA ELLA, según su punto de vista límbico, autonómico y también neocortical). Por lo tanto, para poder parir bien, las hormonas del parto hacen un doble juego: mientras permiten la apertura del cuello del útero modifican el cerebro materno para que LA MADRE NO ESTÉ ANSIOSA, PREOCUPADA, ASUSTADA, ENFADADA. El objetivo de la fisiología en el parto, en efecto, NO es expulsar un hijo desde la vagina a toda costa, sino modificar el cerebro materno, su percepción de peligro y riesgo, su percepción de confianza y fuerza para que la mujer, una vez expulsado el bebé de su útero se SIENTA FUERTE Y EXCITADA, SORPRENDIDA (léase dopaminérgica y serotoninérgica) Y TAN EUFÓRICA COMO PARA ACOGER AL BEBÉ Y DESEAR INMEDIATAMENTE ABAZARLO Y ACUDIRLO y recordar el momento del primer encuentro con alegría y no con dolor emocional. Si como profesional del parto que observa una mujer en plenas contracciones mi única mirada se dirige al cuello de su útero, no estaré viendo lo que realmente está ocurriendo en esta balanza neuroendocrina, no estaré capacitada para prevenir un desplazamiento. Podría no ver, como ocurre en este caso, que no solo el útero está hablando el idioma del mal posicionamiento fetal, sino que las hormonas del estrés de la madre son más fuertes que las hormonas del parto. Traducido: la mujer se siente en peligro y pide ayuda. La parte cognitiva de nuestro cerebro juega un papel también sobre el camino que puede tomar el dolor en el parto, si la ansiolítica o la de las hormonas del estrés. Un ejemplo: una cultura que nos remite al miedo al parto nos llevará a reacciones de alerta mayores cuando daremos a luz, mientras que si tenemos un plan de parto –es decir estamos informadas acerca de las opciones asistenciales-, hemos tenido tiempo de valorar nuestros deseos y necesidades y los vemos respetados paso tras paso, la amígdala inhibirá las reacciones de alerta, permitiendo a la balanza de las hormonas de tender hacia un parto sin traumas emocionales. Luego está el ambiente: el espacio en el cual vivimos las contracciones también modula nuestra respuesta fisiológica de manera completamente independiente a nuestra voluntad. En efecto, toda valoración acerca de si un ambiente es amigo o enemigo, los profesionales amigos o enemigos, sentirse escuchada o -por lo contrario- juzgada, tendrá una influencia totalmente involuntaria sobre el sistema endocrino, llevando la aguja de la balanza hacia un parto naturalmente fisiológico o naturalmente terrible. Repetimos: no son procesos que controlamos a voluntad.

  • Un último dato, no menos relevante es el cultural: y si, ha sido necesaria toda la forma mentis de la cultura médica prescriptiva para que nos alejáramos –nosotras, las profesionales del parto- de la escucha de las necesidades de las mujeres. Cuando fue que los protocolos se convirtieron en más importantes que las necesidades de las personas? Porque mi protocolo prevé ingresar solamente mujeres que están por parir, es decir “lo verdaderamente interesante” y entonces nos legitimiza a no ver, no escuchar, no reconocer una necesidad? Esta mujer necesitaba ayuda física, emocional, pero también clínica, experta. Y, en lugar de todo ello ha encontrado el protocolo: “Estás de dos centímetros, vete a casa y espera”. Ahora sé que l@s profesionales estarán pensando: “De acuerdo, muy bien Rossetti! ¿Y cómo lo hemos de hacer? No es posible ingresar y asistir todas las mujeres con pródromos no normales! Tenemos escasez de personal, no conocemos a quien tenemos delante y por esto no podemos ofrecer herramientas personalizadas y, además, EL PROTOCOLO NO PREVÉ LA EXISTENCIA DE LOS PRODROMOS DIFICILES!”. Lo sé, es muy cierto, no es posible responder a las necesidades de las mujeres en estos casos. No con este modelo asistencial, por lo menos. Es por esta razón que hay que cambiar el modelo. Sencillamente no es bueno para la asistencia a la maternidad. Ha sido probado y demostrado, no lo digo yo, las mayores autoridades y redactores de las guías internacionales rezan toda la evidencia científica existente al respecto. La continuidad de la asistencia llevada a cabo por profesionales no médicos acompañan las mujeres desde la base de una relación y conocimiento recíprocos, actúan desde la prevención de los estados de estrés y acompañan a mujeres y familias también cuando una patología ha sido detectada y continúan a sostenerlas con empatía. Se trata del modelo de asistencia que garantiza una mayor protección a madres y bebés con respeto a los éxitos, tanto físicos como emocionales, del parir y del venir al mundo (WHO, NICE, Cocharane, etc.).

La autora concluye “cómo es posible que dar a luz a un hijo –lo que nuestro cuerpo sabe hacer y el cuerpo masculino no- pueda parecer tan antifeminista? Como es posible que el feminismo haya traído progresos a nuestras trayectorias profesionales y no allí donde somos más vulnerables para sufrir un trauma, más cambios físicos permanentes?”.

Durante muchos años parir ha sido considerado un emblema a ganar. De la misma forma, a aquellas mujeres que optaban por una cesárea se las etiquetaba como “too posh to push”, demasiado elegantes para pujar. Más recientemente se ha perfilado la tendencia al parto natural, con la explosión de partos hipnóticos, orgásmicos y de la campaña de la asociación de matronas (RCM) por un parto natural. Sin embargo todo esto contrasta con el aumento del 20% en los últimos 30 años de las mujeres que experimentan un parto asistido (nos referimos al 60% de todos los niños nacidos por vía vaginal en UK, hecho que se atribuye al incremento de la edad media materna y del peso de los bebés al nacer). Pero una investigación del RCM de 2016 indica que este porcentaje se acerca al 80%. ¿Porque las mujeres no deberían desear y tener un parto natural? ¿Si tuviéramos suficientes conocimientos no seríamos quizás más conscientes de qué pedir cuando las cosas dejan de ir según nuestro plan establecido?

Estos pasajes son fundamentales y desde la mirada de una mujer que ha sufrido un trauma y su consciencia actual, surgen todos los datos críticos de la obstetricia moderna: el sistema que ha creado el problema de la sobremedicalización no puede ser el mismo que solventa este problema. Al centro de este sistema encontramos el mismo sistema, no la mujer; hoy está de moda la epidural y entonces todas a pasar por ella, mañana está de moda el parto vaginal (que no “natural”-NdA) y entonces parto vaginal para todas. Se ha de reducir el índice de cesáreas y entonces aumentamos los partos instrumentales, total, lo importante es que pase por la vagina ¿no? No importa cómo ¿cierto? Y así hasta perder totalmente de vista de qué demonios estamos hablando. Estamos hablando de derechos fundamentales, de un parto que no es solo expulsar, sino facilitar el encuentro de madre y bebé en las mejores condiciones físicas y emocionales posibles. La fisiología (las hormonas de las que hablamos antes) es de gran ayuda a esta predisposición, aunque hemos de recordar que está influenciada por el ambiente, las personas, la asistencia, los pensamientos, las vivencias, las expectativas. Si nuestros protocolos hospitalarios, concentrados a extraer el hijo del útero y en el cómo hacerlo, llevaran la atención al momento inmediatamente sucesivo -el del encuentro entre madre y bebé-, entonces hablaríamos de naturalidad en el parto, de humanización, de atención personalizada, porque pondríamos al centro las dos personas que se están encontrando y nuestra asistencia tendría otro objetivo, uno más justo, más fisiológico, más natural que –en mi idioma- quiere decir obvio; la obviedad de una madre que pare un hijo para abrazarlo y acudirlo. ¿Cómo hemos podido perder por el camino este pasaje de la fisiología? ¿Cómo ha ocurrido que hemos dejado creer a las niñas, a las chicas, a las mujeres y sus compañeros, a l@s jóvenes en formación que el parto es sencillamente un evento sanitario y que el “como” fuera poco relevante? ¿Cómo podemos modificar la cultura y pasar el mensaje que el parto es un determinante para las relaciones familiares, emocionales del individuo que viene al mundo, para la propia percepción de lo femenino, de lo maternal, de las competencias ma/paternas, que tiene un impacto en la pareja, la familia y lo hará en el bien y en el mal, según cuanto sostén –en la buena y la mala suerte- habremos podido brindar a los protagonistas de esta historia?

Hablo del derecho a la información veraz y sin juicio, del derecho de autodeterminación en cuestiones de salud tal y como otorgado por la Charta de Ottawa  y, añado, también el derecho de asistencia por parte de quien conoce la verdadera diferencia entre parto vaginal y parto natural, y que siempre y de cualquier forma anteponga a ellos la necesidad real de la mujer en aquel momento, así como las necesidades que surgen en cada momento, a lo largo del recorrido. Las necesidades y expectativas de l@s profesionales sanitari@s y de los protocolos no han de ser la prioridad. Es por ello que nace y se mantiene mi feminismo de matrona, para revindicar lo que es justo y rechazar lo inaceptable. El parto natural no es inaceptable como tal. Lo inaceptable es llamar natural la soledad, la escasez de preparación, el estar supeditadas a un protocolo, la despersonalización de la asistencia; es inaceptable llamar natural una alteración de la fisiología y no saberla reconocer porque en las escuelas de obstetricia y de medicina no se enseña esto. Inaceptable es fundamentar la obstetricia en el objetivo único de supervivencia al parto y al nacimiento, dejando así al margen la empatía, la relación profunda, la continuidad de suporte también a pesar de los posibles imprevistos obstétricos. Este es el punto sobre el cual nos resistimos como profesionales. Las mujeres no quieren partos perfectos. Tienen derecho a desearlo y no podemos quitarles este derecho. Las mujeres necesitan saber que, a pesar de lo que pueda ocurrir en sus partos, ellas estarán al centro de la asistencia, se las apoyará emocionalmente, alguien sufrirá con ellas a su lado y estará allí para darles fuerza también y sobre todo si las expectativas se ven decepcionadas. Y alguien estará con ellas después, para alegrarse junto a ellas o reconstruir lo profesionalmente estropeado, si necesario. El hecho de que nuestro sistema sanitario no prevé este tipo de continuidad en la asistencia es inaceptable, es anti feminista, porque expone a las mujeres a traumas mayores y los profesionales al burn out. Y crea un conflicto y diferencia entre “nosotras” y “ellas”, y hace daño a todas.

Mi corazón está con esta mujer, con esta madre y autora que ha querido compartir su historia, que es la nuestra, la historia de nuestros tiempos, la historia de la necesidad de cambio a partir –y esta es mi consideración final- de como llamamos las cosas.

Texto original: Anna Maria Rossetti.                                                                  Traducción al castellano: Gabriella Bianco.                                                                2018

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Lotus Birth: una cuestión de Salud Pública.

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Es necesario aprender ex-novo como sería un nacimiento no interferido por las costumbres culturales. Necesitamos un punto de referencia para no desviarnos excesivamente. Y este es, precisamente, el Parto Lotus” (Dr. Michel Odent)

En 2008 llegó a mis manos la edición italiana de un libro que cambió rotundamente mi mirada hacia el nacimiento. Se trata del único libro escrito acerca del Lotus Birth (nacimiento integral) por la comadrona Australiana Rachana Shivam.  Como psicóloga perinatal implicada en la cuestión de un nacimiento que promueva la Salud Perinatal, aún no me había planteado las posibles ventajas que supondría para el recién nacido no cortar el cordón umbilical, respetando así los tiempos y ritmos de separación de su placenta tal y como previstos por la fisiología humana.

El Lotus Birth se nombra así por Clair Lotus Day, enfermera y la primera mujer que documenta el nacimiento de su primer hijo (en 1974) según este procedimiento. Antes solamente se había descrito el nacimiento sin cortar el cordón en chimpancés (video). Hace más de 30 años que esta forma de nacer es una elección legítima en los partos (y/o cesáreas) hospitalarios y domiciliarios en Australia. También en algunos hospitales italianos se siguen protocolos de Lotus Birth (en partos y cesáreas), si la familia así lo desea. El nacimiento integral se promueve en Australia y en Italia desde hace más de 30 y 15 años respectivamente también en partos domiciliarios acompañado por comadronas (in)formadas.

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La placenta es un órgano muy complejo, que tiene un metabolismo y una inteligencia propios, esencial e indispensable para la supervivencia del bebé. Se forma mediante un procedimiento aún poco estudiado, que divide -durante los primeros días de gestación- el mismo material genético en una parte que transformará en placenta y otra en el bebé, unidos por el cordón umbilical.  Por ello, en ocasiones, hablamos de la placenta como un “gemelo” (celular, biológico, físico y genético) del bebé. Se trata de un órgano blando, color púrpura, con estructura lobular en la cara interna (adherida al útero) y recubierta por el saco amniótico en el lado en el que se encuentra la inserción del cordón umbilical. Durante toda la gestación la placenta regula las funciones maternas a través de la producción activa de hormonas, selecciona el paso de las sustancias nutritivas para el bebé y se encarga separar las escorias a través de un intercambio bi-direccional, que tiene lugar a través de las tres arterias que pasan por el cordón. La placenta mantiene separada la circulación sanguínea entre madre y bebé, garantizando un buen equilibrio entre ellos.

Sería ingenuo pensar que un órgano tan fundamental para el buen crecimiento intrauterino del ser humano dejara de tener importancia de forma inmediata una vez que el bebé haya nacido, antes de que la separación ocurra de forma espontánea!

Ignorancia y arrogancia viajan habitualmente juntas. Y suponer de saber todo acerca del nacimiento integral sin haber sido testigo de ello es algo que merece una buena reflexión. Cada médico sabe que no hay razones o justificaciones científicas para la recisión del cordón umbilical. (Rachana Shivam)

No hay razones médicas descritas que avalen separar la unidad biológica placenta-bebé que la naturaleza ha concebido y desarrollado como un conjunto que viene al mundo (separándose del útero materno) en un solo conjunto.

No existe evidencia científica que sostenga el común procedimiento de pinzamiento del cordón umbilical antes que éste se caiga de forma fisiológica una vez que la unidad placenta-bebé hayan finalizado una relación que les ve nacer juntos en su origen y les mantiene vivos y en salud durante toda la etapa de crecimiento uterino, nacimiento y alumbramiento.

¿Para qué´entonces provocar un dolor y riesgos inútiles al recién nacido? La ciencia no proporciona respuestas a esta pregunta.

Por otro lado la Organización Mundial de la Salud contempla ya hace tiempo -aún tímidamente- la posibilidad de un Lotus Birth como una posible opción fisiológica del tratamiento del cordón umbilical, tal y como mencionado por la OMS “Pinzamiento tardío o no pinzamiento, es la forma fisiológica de tratar el cordón, y el pinzamiento temprano es una intervención que requiere justificación” (pag.31).

Diversos médicos e investigadores describen en diversas publicaciones los inconvenientes de la recisión del cordón para la salud del recién nacido y las ventajas de respetar los tiempos del sistema placenta-bebé para su natural separación. Una de las primeras científicas, conocedora y sostenedora del Lotus Birth ha sido la Dra. Sarah Burckley, quien insiste acerca de la importancia de un alumbramiento fisiológico con el fin de garantizar niveles óptimos de segregación de oxcitocina endógena (hormona del amor) para la protección de la madre y del recién nacido (estrechándoles en un imprinting y vínculos afectivos favorables a su salud más allá del período perinatal), como también para aprovechar la función preventiva de esta neurormona en cuanto a posibles hemorragias en el inmediato posparto. Si en los últimos años la investigación en Salud Primal ha puesto de manifiesto la importancia del respeto de la fisiología del parto y nacimiento para la promoción de la salud de la díada madre-bebé tras décadas de encarnizamiento médico en torno a la etapa perinatal, podemos considerar la intervención en la tercera etapa del parto/nacimiento (el intervalo de tiempo entre el nacimiento del bebé y el alumbramiento de la placenta) aún más insidioso. Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud acerca del pinzamiento tardío del cordón son claras y avaladas por numerosos estudios que describen los efectos adversos del pinzamiento precoz y los riesgos y daños que este procedimiento ha ido causando a lo largo de las últimas décadas, especialmente en bebés nacidos prematuros o por cesárea. El alumbramiento activo, producido mediante perfusión de oxitócicos químicos y recisión temprana del cordón,

(…) priva el bebé de la mitad del volumen sanguíneo que podría aún recibir (si se dejara intacto el cordón, n.d.a.); esta reserva de sangre, que sirve a llenar los pulmones al principio de su actividad extrauterina junto a otros órganos vitales, se tira junto a la placenta, con posibles consecuencias como dificultades respiratorias y anemia, especialmente para los bebés más vulnerables” (Sarah Buckley)

La consecuencia de pinzar el cordón antes de que el bebé haya empezado a respirar correctamente puede ser la hipovolemia (disminución del volumen circulante de sangre), motivo de alerta para los neonatólogos y posible causa de muerte para el bebé no reanimado con éxito. El neonatólogo italiano Massimo Alosi describe en diversos artículos científicos la adaptación neonatal a la vida extrauterina poniendo de manifiesto los beneficios y la importancia de no intervenir sobre el sistema placenta-bebé cortando el cordón tras el nacimiento, corroborando los resultados de estudios realizados ya en los años ’90 por el Dr. Kinmond acerca de una más rápida recuperación del bebé prematuro a corto y largo plazo (especialmente en criaturas más vulnerables, prematuros o nacidos por cesárea):

“(…) la sangre que el el útero se encontraba en la placenta termina en cantidad relevante en los pulmones del bebé tras su nacimiento si nadie toca el cordón umbilical” (Massimo Alosi)

La adaptación a la vida fuera del útero materno es una tarea prioritaria para el bebé tras el alumbramiento. La placenta que en el útero cumple con la función de pulmón, riñones, intestino e hígado, lleva un fuerte flujo sanguíneo a los pulmones en el momento inmediatamente tras el nacimiento del bebé. Recientemente he tenido el placer de conocer personalmente al Dr. Alosi y he disfrutado de oírle en persona explicar como los pulmones, en el momento del nacimiento, se van preparando a acoger -en primera instancia- sangre ¡no aire! Hace años que el Dr. Alosi observa neonatos nacidos en hospitales cuyo cordón no se somete a pinzamiento alguno, observando resultados excelentes en casos donde es necesaria una reanimación neonatal, tal y como apunta la experiencia clínica de otros pediatras. Esta realidad fue descrita por primera vez por Aristóteles en un caso de reanimación tras un desprendimiento intempestivo de placenta, según el Dr. Alosi menciona en un reciente artículo (Alosi, M., Adattamento neonatale alla vita extrauterina; en: Nutrition Health, 2017; 50-53).

“(…) cortar un cordón umbilical para luego tratar de reanimar el neonato es simplemente mortal para el pequeño; (…) se logran resultados óptimos si se realiza exactamente lo contrario de lo que suele ocurrir en paritorio: primero se estabilizan las vías aéreas y luego se pinza. Sencillo y genial” (M. Alosi)

Y agrega:

“(…) El pinzamiento del cordón ha introducido en el procedimiento del nacimiento un bias omnipresente, que ha perjudicado de forma más o menos relevante todos los nacidos tras la Segunda Guerra Mundial y que ha paralizado las ciencias de la neonatología durante décadas. Parece claro que la separación fisiológica de la placenta del útero materno la domina el recién nacido; la misma oxitocina es producida por la madre cuando el bebé está en condiciones de bienestar que le permiten un agarre temprano al pecho materno. En aquellos casos en los que el bebé no goza de plena salud, no respira bien, no se agarra bien al pecho, la placenta queda en contacto con el útero para continuar su trabajo aunque el bebé ya haya nacido”. (M. Alosi)

Por estas razones, además de las investigaciones que nos descubren las extraordinarias propiedades de la sangre contenida en el cordón (especialmente en la células estaminales) resaltan la importancia que el bebé reciba toda la cantidad de sangre que le corresponde. La (presunta) ictericia que -en ocasiones- se deriva se puede considerar fisiológica, siendo que diversos autores subrayan que pueda ser incluso beneficiosa para el recién nacido, gracias a las propiedades antioxidantes de la bilirrubina (Gartner, cit. por Buckely, 2004).

El Lotus Birth no es una “moda” ni un capricho de nadie que no esté informado. Elegir no separar el bebé de su placenta tras el nacimiento implica una elección y una responsabilidad hacia el mismo bebé y hacia uno mismo, siendo una decisión consciente, ecológica y coherente con los valores de los padres y de la familia. Hoy en día, sobre la base de todos los conocimientos proporcionados por la rigurosa investigación en Salud Primal, las neurociencias, la psicología prenatal y perinatal, no es atrevido considerar el Lotus Birth como un asunto de Salud Pública, una forma de nacer que mantiene y promueve la salud del ser humano recién nacido no solamente en el período en torno al nacimiento, sino como base saludable para su desarrollo futuro.

El placer y privilegio de observar la tranquilidad de una criatura aún en contacto con su placenta, a la espera de que el pecho de su madre de el paso definitivo para prepararse a sustituirla como otro órgano inteligente con funciones parecidas, sin agitación, sin lágrimas, sin riesgos de infecciones (sin heridas), en un período de transición homogéneo, suave…es una de las más grandes maravillas que la Vida me ha regalado. A los 4 – 7 días tanto el cordón como la placenta están secos. El cordón se separa entonces en la base del ombligo, dejándolo intacto y limpio.

Fuente foto: http://sacredbirthing.com/blog/2017/05/14/lotus-birth/

Antes de proceder a supervisar este procedimiento, la Asociación Italiana del Lotus Birth recomienda encarecidamente:

  • leer el libro “Lorts Birth” de Rachana Shivam para tener toda la información completa acerca de esta forma de nacer;
  • buscar una comadrona o centro hospitalario que acoja esta petición y que merezca la confianza de los padres;
  • si el nacimiento es hospitalario será oportuno buscar una profesional que brinde apoyo y acompañamiento en casa (especialmente si se elige la modalidad de alta voluntaria);
  • esperar el alumbramiento y depositar la placenta en un colador (y este dentro de un recipiente más grande), al lado del bebé;
  • lavar la placenta en agua tibia y retirar todos los coágulos de sangre;
  • secarla muy suavemente con un trapo limpio de algodón;
  • Poner cuidado cuando se mueve el bebé con su placenta para evitar estirar demasiado el cordón;.
  • vestir el bebé preferentemente con ropa abierta en la parte del vientre;
  • la placenta puede quedar en el colador o guardada en una gaza de algodón que se cambiará cada día si está mojada; también se puede guardar en un bolso confeccionado para este uso;
  • no emplea materiales de plástico para envolver la placenta! La placenta necesita “respirar”!
  • 24 horas después del alumbramiento se puede cubrir la placenta (ambas caras) con sal marina gruesa, cambiando la sal a diario; este procedimiento acelera el secarse de la placenta;
  • si el cordón se seca con curvas o “rizos” incómodos para el bebé, se puede mojar ligeramente para modificar su forma y luego secarlo delicadamente;

No es necesario añadir especias o aceites esenciales a la placenta; recomiendo tomar en cuenta el olfato delicado y muy fino del bebé que acaba de nacer, así como sus vías respiratorias “recién estrenadas”. La placenta desprende un olor único, propio, no desagradable y emana oxitocina, “emborrachando” de placer a la madre y aquellas personas cercanas al bebé. La placenta actúa como una comadrona atenta y amorosa, protegiendo la intimidad de la familia recién nacida durante las primeras horas y días, garantizando el merecido descanso y regulando el mínimo (o nulo) número de visitantes. Jeannine Parvati Becker describía el Lotus Birth como un ritual de nuestros tiempos, en una cultura que ha perdido gran parte de la ritualidad implícita al ciclo de la vida y de la naturaleza, mientras “empujamos” no solamente el bebé a nacer, sino a crecer, “educarse”, independizarse, con todas las consecuencias que esto implica para su salud y la de nuestra sociedad cada vez más disociada y violenta.

Agradezco particularmente la confianza y la apertura de aquellas maravillosas familias de Mallorca quienes eligieron en esta ultima década un Lotus Birth para sus hijos, desde un deseo de respeto profundo por la sacralidad de su nacimiento, honrando su placenta y confiando en la capacidad de sus hijos para emprender sus primeras decisiones según sus tiempos y ritmos. Gracias.

PD: A quien aún se le antojara pedirme “evidencia científica” que justifique el no-pinzamiento del cordón umbilical (hecho propio de la fisiología humana), ruego primero aporte evidencia científica que justifique la razón de la intervención médica del pinzamiento.

 

Tributo a un Maestro de Vida. Y de Muerte.

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Querido Carlos,

Tu despedida ha sido demasiado rápida e imprevisible para mi. Aún necesito silencio y tiempo para elaborar y tan solo puedo escribir…y dejarme sentir, como tu me enseñaste, sin juzgarme. Sentir desde la apertura y la vulnerabilidad que nos caracterizan al estar vivos…y en movimiento, sin dejar que nos atrape la parálisis (“muévete, no te congeles”, como decías tú…).

El sábado pasado estaba trabajando en Málaga, allí donde nos encontramos por primera vez personalmente hace cuatro años, en la “Tierra de tu madre”. Llevábamos un tiempo de correspondencia via e-mail y ricas conversaciones via skype antes de este primer encuentro. Y el sábado pasado no me atreví a proponerte pasar y visitarte…me dijiste que estabas recuperándote, que el pronostico era bueno. Pensé que sería mejor dejarte descansar y no “embestirte” con mi energía. Volví a Mallorca con una sensación extraña…había estado tan cerca y sin verte. En tan solo unos días Marie-Louise Honkatu querida discípula, nos fue informando con extrema sensibilidad de los repentinos cambios en tu estado de salud, hasta comunicarnos ayer, con inmensa tristeza, tu partida.

No importa lo que pase, mantente abierta y vulnerable (Carlos Chan)

Llevamos unos cuantos días velando por ti, unidos por la Red, enviándote amor, luz, bendiciones en una emotiva cadena de meditaciones y palabras llenas de reconocimiento y profundo agradecimiento. Tu noble y amoroso Ser ha juntado a tantas bellas personas que te quieren, Carlos, fusionadas sin barreras geográficas ni de idioma, en un mismo sentir hacia ti (no podía ser de otra manera, por tu misma esencia!). Me siento unida a ti, ahora gracias a la gran familia que creaste, la de alumn@s y discípul@s en Suecia y en el mundo. Y entonces puedo sentir en todas mis células que tu alma ha tenido un transito dulce y luminoso!

Aeropuerto de Málaga, 2014

Siempre quedarás en mi corazón, Carlos, Ser excepcional, con todas tus enseñanzas y largas conversaciones…Decías entre risas que la Vida nos había hecho encontrar porque había sincronía, desde esta forma tan parecida de entender el trauma y abordarlo, sin saber la una del otro. ¡Pero que lujo haberte encontrado! Quiero recordarte así, alegre, crítico, creando consciencia, atrevido, profundo, fuerte y tierno al mismo tiempo, generoso, compartiendo tu sabiduría, mostrando tu valor y tu sensibilidad…te reconozco Maestro, Carlos. Y amigo estimado.

Has ido elaborando y desarrollando a lo largo de décadas de trabajo clínico, formaciones e investigación una forma única y muy poderosa de transformar el trauma en fortaleza. Y tu legado seguirá vivo, de la mano de quienes tu has elegido y, un poco también, de todos los que hemos tenido el privilegio de enriquecernos con tu presencia y sabiduría.

Gracias por tu generosidad y paciencia infinitas cuando te pedía consejo porque andaba perdida, cuando accediste con tanta humildad a tratar a quienes recomendé contactar contigo, cuando me animabas a incluir más y más el cuerpo en mi forma de trabajar con el trauma, a atreverme, sin nunca dejar de respetar la delicadeza de las mujeres (especialmente de las puérperas)…

Gracias por confiar en mi, por animarme a escucharme siempre, a seguir mi instinto cuando me “peleaba” con ciertas técnicas de la Gestalt y por darme permiso en “cambiarlas”, en “dulcificar” la técnica acorde a mi forma de ser y de sentir.

Gracias por animarme a escribir y así ordenar y plasmar mejor mi forma de abordar el trauma, por sugerirme trabajar cada vez más con grupos terapéuticos (aún me percibo un poco tímida en este punto, aunque cada vez menos y más allá de los grupos formativos).

Gracias por acogerme y acoger a mi familia en tu hogar, por la alegría de celebrar juntos mi 45º cumpleaños y contarnos apasionadamente de “tu Gibraltar” (ayer mi hijo te recordaba con una mano en el corazón, prometiendo nunca olvidar todo lo que aprendió de tus narraciones acerca de la historia de Gibraltar).

Gracias desde lo más profundo de mi alma por compartir conmigo tu historia de vida y animarme a hacer lo mismo con la mía…allí donde encontramos las raíces y las heridas comunes es donde descubrimos como -tal vez- llegamos a investigar por caminos similares y a sincronizar los sentires?!? No importaba realmente la respuesta, porque nos divertía más descubrir que hablábamos este mismo idioma! Quiero seguir aprendiendo de ti, Carlos, te repetía. Aún no sabíamos que la Vida y la Muerte estaban confabulando a nuestras espaldas -tan pícaras ellas- robándonos la posibilidad de llevar a cabo aquel soñado taller residencial con pacientes y terapeutas aquí en Mallorca…Tu querida Ana fue muy sabia cuando dijo, entre risas “¡Pero no os demoréis mucho con este proyecto!” Me comprometo a llevarte siempre conmigo, con tu sonrisa y enseñanzas, así como siempre estás presente cada vez que toco y siento el trauma.

Anoche, tras saber que te fuiste, me acosté pronto, con mal cuerpo y con dolor de cabeza. Tu muerte me dolió en la herida aún fresca de la pérdida de mamá y sentía que iba a explotar. Sin embargo, inesperadamente soñé contigo, sonriente y sereno, montando en tu bicicleta (!) y junto a mi madre! Ella pedaleando en otra bici, joven, melena al viento y feliz. Me mirabas riendo, saludándome con una mano y gritándome lo fácil que es todo, que no hay sufrimiento y que allí mi mamá se puede mover con soltura y su cuerpo ha recobrado flexibilidad y ligereza…Me desperté con esta imagen, con la sensación de haber recibido un gran regalo. Y con el corazón lleno de tristeza y alegría a la vez. Agradecida, hasta por lo que vienes a transmitirme en los sueños..! Saber que estás pedaleando por allá con mi madre me reconforta y me regala una sonrisa, en este amargo amanecer. Gracias por hacer de este mundo un lugar más pacífico y amoroso. Que la Luz de tu Alma nos guíe siempre. Forever grateful.

 

 

Luna de Leche.

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Abro los ojos despacio.
Y siento: siento mis lágrimas calientes bajar por mi rostro, siento mi cuerpo adormecido, siento el frío que aún me invade y me invalida, siento un dolor en el pecho y siento un corte que escuece en mi vientre y paraliza mi cuerpo.
Y veo: veo la cara borrosa de mi marido que me mira con los ojos cansados, tristes y con preocupación, veo un rayo de sol entrar por la ventana, una habitación blanca… Solamente cuando giro lentamente mi mirada veo, por fin, a mi hijo. Duerme…aún…drogado…como yo, su madre.

Con el hilo de voz rota que me queda, pido que me lo pongan encima de mi pecho. Finalmente puedo tocarle, olerle, besarle, mientras mi mirada se ciega por las lágrimas que no paran de llover.

Nos han robado nuestro encuentro, no han permitido que le diera mi bienvenida a este mundo y a mis brazos como se merecía, han violado nuestra intimidad y su derecho a un buen nacer…
“¡Mujer! Pero ¿Qué haces?” Me asusta y me interrumpe la voz aguda e inquisitoria de la enfermera que irrumpe a la habitación y me ve sostener a mi bebé con la carita pegada a mi pezón. Contesto débilmente que estoy intentando ponerle al pecho.
Soy consciente que lo estoy haciendo como puedo, como mi cuerpo entorpecido por la sobredosis de medicación me lo permite. Me siento regañada por no sostenerlo “como se debe” y ridiculizada por intentarlo: “No ves que no tienes subida de leche aún? Esto va a demorar, qué con la cesárea y con el pecho que tienes…a ver si vas a tener leche?!”.
Se me congelan las lágrimas en los ojos.
A partir de este momento entiendo claramente que el maltrato no ha terminado en quirófano.
Algo muy profundo se despierta en mi…en este momento mi bebé abre débilmente los ojos y nos miramos: ¡soy mamífera y puedo amamantar! Ahora lo se, estoy com-ple-ta-men-te convencida de ello y estoy dispuesta a encontrar la fuerza para proteger a mi hijo de cualquier amenaza y a luchar a por todas para que no nos roben (también) la lactancia!
Pasamos cuatro días rechazando biberones de leche de fórmula, escuchando cualquier tipo de comentario, insulto y juicio hacia mis pechos y pezones supuestamente inútiles, mi cabezonería, mi irresponsabilidad, mi imprudencia por creer en mi capacidad de amamantar, por confiar en la fisiología de mi cuerpo de mujer y madre, por tener paciencia con mis pechos y por verlos perfectos…por querer darle lo mejor de mi a mi hijo: una madre presente, el alimento amoroso y reparador de aquel daño que nos hicieron.

“Yo puedo” me repito sottovoce, “tu puedes” le repito…
”No he oído nunca de un bebé que se muere en los brazos de su madre esperando que suba la leche!” llego a gritarle al cuarto día a quien aún insiste con sueros glucosados y biberones.

Solo estoy a gusto con mi bebé en brazos…sentir su respiro y mirarle a los ojos se ha convertido en mi analgésico…He (re)nacido Madre.

Cuando –cinco días después del nacimiento de mi hijo- noto por primera vez una potente subida de calor y un simpático hormigueo en ambos pechos, lloro de felicidad: mi bebé se engancha a mi pecho, ávido de dulce y tibia leche, aunque a la vez débil, irritado y seguramente incómodo.

Durante su primer mes de vida un seroma de mi herida no me facilita la movilidad ni experimentar buenas posturas para amamantarle con comodidad. Son varias las personas que me recomiendan no atormentarme más y dejar de insistir, dejar de “torturarme” con mi “obsesión” por darle teta cuando las leches de fórmula son tan prácticas y alimentan lo mismo o tal vez hasta mejor.
Para quien –como yo- fue amamantado tan solo durante tres meses “porque luego se acabó la leche” es todo un reto mantenerse firme, seguir creyendo en si misma y confiar en el instinto del bebé: dolida y dolorida, pero con necesidad de sentir la mamífera en mis entrañas después de haberme sentido violada en mi pasaje de mujer a mujer-madre, saco fuerzas del Amor que siento hacia mi hijo, del deseo de darle lo que necesita.

Foto: Laura Jaume.
Por la cortesía de Megumi Reich.

Doy gracias a la oxitocina endógena y a su Magia, a la mamífera que se despertó en mi y…a Joana María, asesora de lactancia materna de la Asociación ABAM, quien me acompaña pacientemente y me sostiene en frecuentes conversaciones telefónicas, de las que me alimento de confianza y ánimos. Cuando finalmente mi herida está casi cicatrizada, limpia y me permite desplazarme a pie…doy el primer paseo junto a mi bebé hacia la sede de ABAM para poner cara a aquella voz de ángel y dar las gracias. Sin su apoyo hoy no se como hubiera podido seguir dando el pecho a pesar del dolor, de mis pezones heridos y sangrantes, del agotamiento, y en soledad…

Nuestra lactancia feliz duró siete meses de forma exclusiva, defendiéndola a capa y espada (hasta frente a un médico otorrino, escandalizado por el “daño” que estaría haciendo a mis pechos!?!) durante dieciocho meses en total cuando, un día, mirándonos a los ojos sentimos que disfrutamos muchísimo, que el goce mutuo ha sido nutritivo y reparador para ambos, que nuestro lazo de Amor es indestructible y para siempre…que YO-EL y la teta hemos sido muy buenos aliados en nuestro camino hacia la con-fianza.

Gabriella Bianco

¡Despierta! Ha caído el Muro!

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En un día como hoy, hace 26 años, despertaba en la típica mañana oscura, perezosa y fría de una Berlín vestida de noviembre. Como cada mañana, casi sonámbula, me dirigí directamente a la ducha, soñando con mi sagrado café con leche, ambas cosas conditio sine qua non para empezar el día y sin los cuales sigo -hasta hoy- sin ser persona a primera hora de la mañana.

Desayuné sola, en silencio, en la enorme cocina, mirando en la nada por el (también enorme) ventanal hacia el noble Hiterhof (patio interior). Tomé mi café con leche sin escuchar la radio, sin cruzarme con nadie en el largo pasillo de aquella Altberliner Wohnung, un piso de unos 250 mq en la Derfflinger Strasse. Compartía con Martin (ex-ciudadano de la República Democrática Alemana, huido a principio de los años ’80), Mira (escritora y periodista del “mítico” TAZ), Marie-Hélène (profesora de filosofía en el Colegio Francés) y Ross (estudiante canadiense, acompañado a menudo por su siempre-sonriente novio, soldado de las Fuerzas Aliadas estadounidenses quien, en nuestro pintoresco hogar, no pegaba ni con chicle).

Parecía (aún) una mañana cualquiera. Salí de casa para dirigirme al trabajo, recogí los periódicos del día, tirados como cada mañana en el felpudo delante de la entrada y los dejé encima de la mesita del teléfono. Cerré la puerta tras mío, sin más.

Cuando salí a la calle tuve una sensación extraña…la gente ERA extraña…¿O era yo? No entendía lo que me pasaba. A cada paso más que daba tenía la sensación de estar en otra ciudad, en una ciudad desconocida, o de estar soñando…o de que alguien me hubiera catapultado en una película de otros tiempos!?! Caminaba por la Kurfüstenstrasse con la intención de doblar, como de costumbre, en la Ansbacher Strasse para llegar a Wittenberg Platz y entrar al Tauentzien. A medida que avanzaba, casi como un robot, entendía menos. ¿Que pasaba con toda esta GENTE EXTRAÑA? Hasta los coches eran…EXTRAÑOS!!! Juro que -aún conociendo perfectamente los Trabbis del Este, el ruido de su motor de dos tiempos y el olor pestilente de su combustible- no lograba entender qué hacían aquellos coches circulando por Berlín Oeste. Porque…no podía ser posible!

¡Era más fácil pensar que estaba teniendo alucinaciones!

Hasta que no llegué al trabajo, y vi que delante de la boutique de zapatos donde me ganaba el pan como joven estudiante habían preparado una mesa con vasos y con Sekt (el cava alemán). ¿Que había que celebrar? No entendía NADA. Fue allí cuando salió Thomas -un colega huido del Este años atrás- y repetía, gritando sin parar: “DIE MAUER IST GEFALLEN!!!” (¡Ha caído el Muro!)

Fue entonces cuando yo desperté definitivamente, aquel 10 de noviembre, a las 10 h de la mañana, en un mundo nuevo, donde la ficción se había hecho realidad en…3 segundos!

Hoy puede parecer extraño que yo (y otros miles de ciudadanos de Berlín Oeste) no nos habíamos dado cuenta hasta la mañana siguiente.

También puede parecer extraño que nos sorprendiéramos tanto, tras los últimos acontecimientos y “turbulencias” en las fronteras de la RDA y Checoslovaquia, o lo que ocurría en Hungría y en los países de Europa del Este.

Puede parecer hoy incomprensible, pero entonces, a pesar de vivir un extraordinario momento histórico, nos parecía mentira!

Berliner Mauer

Berliner Mauer

Va de vida, va de muerte.

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La vida y la muerte que van de la mano. El inicio y el final de un mismo baile. El ciclo que empieza y acaba. Y empieza y acaba, empieza y…

El rincón de mi tierra natal que “me persigue” desde hace años, apareciendo en mi vida bajo formas y naturaleza distintas… Se cuenta que en Sardegna/Cerdeña, la “isla de enfrente”, la Vida y la Muerte iban acompañadas por las mismas manos hasta poco más allá de finales de los años cincuenta del siglo pasado, cuando aún no acostumbraban a verse hospitalizadas por rutina. Vida y Muerte se encontraban en la intimidad de las casas, deslizándose entre las manos de una mujer, a la vez santa y bruja, admirada y temida, con dos nombres y un mismo cuerpo: sa levadora, s’accabadóra.

Foto: Raffaele Di Pasquale (C)

Foto: Raffaele Di Pasquale (C)

A través de las páginas de dos novelas apasionantes -ambas nacidas en Cerdeña- estas dos figuras encarnadas en una sola se ven retratadas de forma apasionante y misteriosa.

accabadoraLa novela La Acabadora de Michela Murgia llegó a mis manos por una de las magias de la vida. Apareció en el momento exacto en el que tenía que ser, uno de aquellos momentos en los que me pregunto cual será el motivo que justifica tanto sufrimiento, la razón de seguir en vida estando atada a ella por un hilo tan inmensamente frágil, sin conexión casi con el mundo de afuera… Aquel día volvía de visitar a mi madre en Italia. Llegaba tarde al aeropuerto y me quedaban poquísimos minutos para saltar en mi avión de vuelta a Mallorca. Por el pasillo obligado en medio del duty free me acordé que no llevaba nada para leer durante el vaje (casi un sacrilegio, vamos). Casi volando, cogí de la estantería el primer libro que me vino a las manos: Acabadora. La que acaba. “¿Como que la que acaba? ¿Quien acaba con qué?”. Empecé a temblar por dentro tan solo tras las primeras páginas. Pocas horas después me encontraba mirando en el vacío, sentada en mi terraza, con el libro terminado, aún caliente, en mi regazo. El estilo sobrio y poético de Michela Murgia me atrapó en las figuras de Bonaria Urrai, una mujer anciana, sencilla, a la vez poderosa y temida y de Maria, su “fill’e e anima“, así como se definen los hijos cedidos por las madres biológicas a las madres adoptivas. Maria es una hija generada dos veces, “de la pobreza de una mujer y la esterilidad de otra”. La acabadora lleva un aura misteriosa, viste la sombra del miedo que se enciende en los ojos de quienes encuentran su mirada.

Pietrina, la protagonista de Sa levadorahistoria escrita a cuatro manos por Carmen levadoraSalis e Ivan Murgana– nos muestra la otra cara de la misma figura. Pietrina se convierte en partera trabajando en las minas de Bugerru, cuando por primera vez se vio en la tesitura de ayudar a dar a luz a una criatura fruto de la vergüenza, de la violación. Pronto convierte su vocación en amor y se entrega a ello alma y cuerpo. No fue bien vista por su vida apasionada y misteriosa en una Cerdeña de los años ’50, por ser un alma libre, ajena al prejuicio e indiferente a las críticas y a las malas lenguas. Unos la quisieron y otros muchos la temieron por enseñar la cara de una mujer sarda fuerte, libre, determinada y esquiva. Una historia fascinante, fruto de una investigación minuciosa que nos confirma la importancia de buscar en nuestro pasado para poder llegar a conocernos mejor y dar un sentido nuevo a la vida…

Dos mujeres, Bonaria y Pietrina, o una sola con dos caras. Una tierra mágica que me atrae y que visito a través de las páginas de estos libros, que recomiendo a quienes creen poderse apasionar por las verdades silenciadas de una Cerdeña aún por descubrir.

Foto: Raffaele Di Pasquale (C)

Foto: Raffaele Di Pasquale (C)

Romper el silencio, una responsabilidad de tod@s.

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La primera vez que oí hablar públicamente y sin tapujos de los Reformatorios para jóvenes mujeres españolas durante el franquismo fue por la voz de la Dra. Enriqueta Barranco, ginecóloga, feminista y mujer de mucho valor no solamente por sus logros profesionales, sino por su compromiso genuino con la salud de la mujer. La Dra. Barranco es una de aquellas increíbles mujeres de las que tengo el privilegio de seguir aprendiendo en el marco de CAPS, la Red de Mujeres Profesionales de la Salud. El pasado octubre el Patronato de la Fundación Española de Contracepción otorgó a la Dra. Barranco un reconocimiento oficial por su actividad profesional dedicada al Estudio, Investigación y Educación de la Salud Sexual y reproductiva de la Mujer. El discurso de Enriqueta al recibir el Premio me conmocionó profundamente (vídeo: Reconocimiento al Personaje destacado en Salud Sexual y Reproductiva 2014 Dra. Enriqueta Barranco Castillo, a partir del minuto 12). Sin pelos en la lengua denuncia públicamente las torturas a las cuales fueron sometidas decena de miles de jóvenes mujeres recluidas en instituciones del Estado Español y de la Iglesia Católica hace tan solo unas décadas, bajo la tutela del Patronato de Protección de la Mujer. Mujeres convertidas en esclavas por el mero hecho de pensar o -lo que era peor- haberse quedado embarazadas, y así sistemáticamente torturadas por la mano de “cuidadoras”, religiosas, médicos ginecólogos, psiquiatras…

desterradas hijas de eva
Pocas semanas después llegó a mis manos una entrevista a Consuelo García del Cid Guerra, superviviente, investigadora, escritora y autora del libro-documento “Las desterradas hijas de Eva”, cuyo testimonio parecía darle un sentido más profundo a muchas de las historia de violencia institucional(izada) en el ámbito de la obstetricia moderna en España. Busqué su libro en las librerías de Palma, en vano. Me apunté el título y lo subrayé con marcador en mi agenda para seguir buscando en alguno de mis próximos viajes a ciudades más grandes, Barcelona, Madrid. No tuve éxito.

Aquí está por fin entre mis manos, leído en una noche, recorriendo con los dedos y mis ojos cansados y húmedos páginas y páginas de testimonio de atrocidades, documentos que entrelazan destinos personales con una represión siniestra a la mujer durante los cuarenta años de dictadura española y a lo largo de la Transición democrática, hasta finales de los años ’80! Jóvenes mujeres secuestradas a sus familias (o deliberadamente entregadas por sus padres) por parte del Patronato de Protección de la Mujer por ser consideradas “caídas” o “en riesgo de caer”, retenidas en contra de su voluntad hasta una mayoría de edad extendida arbitrariamente hasta los 25 años, forzadas a trabajos ilegales no retribuidos, maltratadas física y psicologicamente, despojadas de enseres personales y hasta de los hijos que parían, ocultadas detrás de muros impenetrables, bajo la supervisión de órdenes religiosas, en estrecha colaboración con párrocos, monjas, psiquiatras, ginecólogos y matronas… Adolescentes forzadas a revisiones ginecológicas para averiguar si eran “completas” o “incompletas”, para establecer entonces sus destinos hacia uno u otro “hogar de protección” según su perfil, para determinar las adecuadas y merecidas “medidas educativas”, para justificar su exilio temporal o la desaparición de sus hijos.

Lo peor que te podía pasar -nos cuenta Consuelo García del Cid- era estar embarazada

Las consecuencias del pecado del embarazo: retención, aislamiento, trabajo forzados, “revisiones obstétricas” sin piedad, partos abandonados o violentados, hijos “muertos” o sencillamente desaparecidos. La violencia obstétrica marcaba la forma de venir al mundo de cada criatura, a través del mal-trato verbal y físico sufrido por las jóvenes madres obligadas a parir humilladas y encerradas bajo la tutela del Patronato de Protección de la Mujer y el Ministerio de Justicia. Las “rebeldes” terminaban en la psiquiatría, en “habitaciones individuales”, a algunas se le daba elecroshock o terminaban como carne de cañón para experimentos con fármacos… Otras se suicidaban, tirándose por el vacío de la escalera, lo que siempre se justificaba como “accidente”. Una trama rigurosamente articulada y organizada al amparo de la ley, de la iglesia y del Patronato, sigilada en los silencios de las víctimas. Silencios cargados de miedo, vergüenza y culpa durante demasiado tiempo.

Consuelo García del Cid pone palabras y voz a lo ocurrido detrás de los muros de los Reformatorios, las Maternidades, los Preventorios (instituciones en las que se recluían niñas desamparadas, de familias humildes o sencillamente niñas cuyo único pecado era “no obedecer” o “no rezar”), recogiendo testimonio de aquellas niñas y jóvenes mujeres, que hoy en día tienen entre 40 y 60 años. La investigación de Consuelo García del Cid devuelve, al menos en parte, dignidad a las supervivientes, cuyos derechos siguen aún pisoteado e ignorados en la imposibilidad de denuncia y en la ausencia de arrepentimiento y de unas debidas disculpas formales, tanto por parte del Estado como de la Iglesia. Los verdugos también siguen vivos, algunos incluso galardonados con premios y reconocimientos oficiales por su labor humanitaria, otros con responsabilidades y cargos políticos importantes y reconocidos: ninguno de ellos recuerda nada.

Silencio.

El mismo silencio de siempre, impuesto y recomendado hasta a la autora del libro, quien fue desalentada en varias ocasiones a lo largo de su investigación, a quien fue recomendado dejar de seguir esta pista, incluso por parte de algunas Asociaciones por la Recuperación de la Memoria Histórica.

¿A quien interesaría conocer lo que pasaba con “las niñas malas” del franquismo? ¿Para que hacer luz en la sombra que se extendió hasta una década después de la muerte del dictador?

Más allá de las responsabilidades individuales existe una responsabilidad colectiva: la de no callar, para no olvidar. Nunca.

Trabajando al lado y para las mujeres en esta tierra desde hace más de quince años, me pregunto naturalmente cuanto de los valores y de la mentalidad ligados al castigo de la mujer libremente pensante tiñe hasta hoy en día la atención a nuestra salud sexual y reproductiva. Me pregunto cuanto de lo transmitido “entre líneas” y asimilado hasta la médula durante los años de formación profesional bajo Franco (y más allá) por las y los profesionales de la salud femenina se traduce en las bien conocidas actitudes violentas e irrespetuosas aún presentes en los paritorios de algunos hospitales y clínicas en todo el Estado Español, así como las víctimas de aquellos años relatan detalladamente en los testimonios recogidos por Consuelo García del Cid. Ni más, ni menos.

Me consta y doy fe del mal-trato obstétrico institucional(izado) hasta la actualidad, de niños “cedidos” (o directamente robados!) hasta mitad de los años ’80 o de madres adolescentes cuyos recién nacidos han sido secuestrados por la institución sanitaria del Estado para “adopciones” inmediatas, hasta principio de los años ’90. Si, también en Mallorca.

Espero y deseo que “Las desterradas hijas de Eva” llegue a los oídos, ojos y corazones de muchas mujeres que aún callan, atrapadas por demasiado dolor, paralizadas por el miedo, debilitadas por la vergüenza y la culpa. Espero y deseo que muchos más libros, documentos y testimonios puedan encontrar alas y espacio, reconocimiento y agradecimiento por parte de nuestra generación y las siguientes. Así como espero que en algún momento se haga justicia, una justicia que no siempre es de los Tribunales, que puede ser la de la Consciencia, fruto del más sincero arrepentimiento, de las disculpas formales y proporcionar así cierta reparación, devolver dignidad y paz a las almas de las personas heridas.

Consuelo García del Cid Guerra y Roser Gallardo Ferrer

Consuelo García del Cid Guerra y Roser Gallardo Ferrer. Foto: G. Bianco.

Ha sido un inmenso regalo y un gran honor asistir ayer por la noche a la presentación del libro “Las desterradas hijas de Eva” aquí en Palma, con la presencia de su autora, Consuelo García del Cid Guerra. Su mirada, su tono de voz y su mensaje quedan grabados en mi alma.

Gracias a mujeres maravillosas y valiosas como Montse Rodriguez y Verónica Riutort por hacerlo posible, por organizar esta noche inolvidable, en colaboración con Ateneu Llibertari Estel Negre en Palma.

Gracias por estar, quienes ayer tenían que estar. Gracias por no callar.

(…) Para la mayoría de las mujeres, estas historias secretas son sus historias personales, incrustadas, no como piedras preciosas en una corona sino más bien como negra grava bajo la piel del alma. (…) No sé qué pensarán nuestras nietas y nuestras bisnietas de esta manera de reseñar nuestras vidas. Espero que reciban las debidas explicaciones. (Clarissa Pinkola Estés en “El clan de las cicatrices”, de la obra “Mujeres que corren con los lobos”).

Cuida a quien te cuida. A ti, matrona.

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Hoy es el Día Internacional de la Matrona.

Fuente: pramzanblog.com

Fuente: pramzanblog.com

Es un día que me gusta. Es un día en el que me gusta recordar como he sido cuidada por la matrona, por mi madre y su madre en el momento en el que he venido al mundo. En el día de hoy recuerdo con cariño, admiración y agradecimiento la Señora Maria Godi, la matrona que me acogió con dulzura y alegría en el momento que decidí nacer, la que respetó los tiempos y ritmos de mi madre y míos, la que me recogió los pocos y rubios pelos de mi cabecita con un delgado lazo de raso rosa (¡que paciencia y que amor!), la que venía cada mañana a casa en bicicleta para acompañar a mi madre en su travesía de madre recién estrenada, la que me vino a la mente pocos momentos tras haber dado a luz a mi hijo, echándola de menos… Gracias.

A todas las matronas quiero desear hoy un FELIZ DÍA DE LA MATRONA!

A todas las que nos cuidan, como guardianas de la salud de la humanidad.
A todas las que cuidan de la vida desde los primeros momentos en los que se instala con amor, fuerza y picardía en nuestros úteros, y pulsa. 
A todas las que cuidan también cuando la vida se va demasiado pronto.
A todas las que no paran de aprender, de cuestionarse cada día, de transformarse.
A todas las que están a pie del cañón, en paritorios inhóspitos y violentos, poniendo su granito de arena para que un “sencillo vaso de agua” se transforme en un gesto grande.
A todas las que se lanzan a emprender una vía nueva, de profesionales libres.
A todas las que creen en las mujeres y en la fuerza de la vida, y lo demuestran.
A todas las que aprendieron el idioma secreto de los bebés, el de los úteros, el de los ciclos reproductivos y de la menstruación y se hacen traductoras, para que podamos aprender de sus voces.
A todas las que saben escuchar, hasta los silencios, y regalan un abrazo o una caricia.
A todas las valientes, las que se comprometen y son aliadas de las mujeres.
A todas las que son generosas y comparten sin miedo a que le quiten, con la ilusión de construir redes y puentes.

A todas las que aún no han podido mirar de frente sus heridas y siguen estando, a pesar de intuir que (se) están haciendo daño.

A todas las que tuvieron confianza en mí y se dejaron acompañar, como pacientes o alumnas.

A todas las que aún confiáis en mi, y con quienes sigo compartiendo recorridos distintos.

Muy especialmente a las matronas que están siempre a mi lado, en el día a día, desde la cercanía o más distancia, que me quieren como a una hija, como a una hermana.

Gracias por estar en mi vida. Gracias por seguir cuidando. Y por cuidaros.

Psicóloga a bordo.

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Costa Fascinosa

Costa Fascinosa

Ha pasado un mes de aquel 18 de marzo, día en el cual más de veinte personas inocentes perdieron su vida en el atentado al Museo del Bardo, en Túnez. Otras cientos se salvaron, sin siquiera saber cómo, ni a quien dar las gracias por seguir en esta vida. Eso si, nada nunca más será como antes para ninguno de ellos: bebés, niñas y niños, adolescentes, padres y madres, abuelas y abuelos… Me siento enormemente privilegiada y agradecida por haber tenido la oportunidad de escucharles y acompañarles durante las horas que siguieron al atentado, en el primer tramo de su travesía hacia la elaboración del trauma vivido. Mientras, el mundo parece haber pasado página, olvidando “la noticia”, que quedó ahogada en poco más de 48 horas en “nuevas” tragedias, más pérdidas, especulaciones amarillistas de periódicos y noticieros dedicados a perseguir otras catástrofes, otros cadáveres, otros culpables.

Como psicóloga dedicada durante más de dos décadas al trauma psicológico soy consciente de lo decisivo que pueden ser las horas que siguen el impacto de la experiencia traumática sobre el proceso de elaboración psicoemocional del trauma. Un buen debriefing, así como la atenta y adecuada contención han demostrado ser elementos fundamentales para alcanzar un conveniente nivel de resiliencia, lograr dar un sentido a lo ocurrido, poder encontrar una nueva motivación y seguir viviendo desde la responsabilidad plena.

La incierta presencia de los primeros en acudir a mi y mi calmo permanecer en las olas tormentosas de sus sentimientos encontrados y difusos, aún bajo shock, me sugieren que la vida me quiere poner a prueba, una vez más. No puedo evitar preguntarme ¿Qué necesitaré aprender esta vez?

El jueves 19 de marzo 2015 al mediodía recibo la llamada de Patricia Aliu, directora de la Escuela Gestalt Mediterráneo, donde me formé como psicoterapeuta en Mallorca. Patricia fue mi profesora, mi terapeuta y supervisora durante más de una década. Me sorprende su llamada y más el motivo de la misma: averiguar mi disponibilidad para prestar servicio de atención en crisis a los pasajeros del crucero Costa Fascinosa, que llegaría al Puerto de Palma con pasajeros supervivientes del atentado terrorista del día anterior en Túnez. No dudo ni un minuto en confirmarle que cuente conmigo. Patricia me conoce “como un calcetín revuelto”. La siento cerca, muy cerca. Sé que estará conmigo desde la confianza y el apoyo que siempre me ha demostrado, hasta en los momentos más difíciles de mi recorrido personal y profesional. Ninguna de las dos lo dice, aunque ambas sepamos perfectamente que se presenta para mí una clarísima prueba de fuego. Yo se que ella sabe perfectamente que aceptaré el reto. Y allá voy.

Pocas horas después me embarco por primera vez en mi vida en un crucero de más de 3000 pasajeros y 1000 tripulantes. Es un pueblo flotante. Tras pasar todas las barreras de seguridad, me recibe el Care Team italiano de la compañía, compuesto por maravillosas personas, empleados de Costa Crociere, formados como voluntarios para hacer frente a cualquier primera necesidad en caso de catástrofe a bordo. Quedo impresionada por su organización, eficiencia, profesionalidad, calidez y muy especialmente por el cuidado de cada persona y detalle. Y entonces descubro que son más de 100 los pasajeros italianos que necesitarán ser atendidos en las próximas horas, asomándose lentamente los primeros y molestos síntomas del TEPT (Trastorno por Estrés Postraumático), transcurridas las primeras horas de shock y de “congelamiento emocional”.

Por un momento me siento mareada. Sé que no es el mar, sino la sensación de que es demasiado, de que no voy a poder, de que me voy a ahogar en una cascada incesante de lágrimas de dolor, miedo, desconcierto, pena y rabia. ¿Por qué se quedaron a bordo? ¿Por qué no pidieron ser repatriados? ¿Por qué nadie me dijo el día anterior que serían tantos? ¿Cómo encarar la intervención para llegar a todos de la forma más adecuada posible? Mi cabeza no para de dar vueltas.

“Adelante” es a lo que me incita mi voz interior. Y adelante voy. Me quedo a bordo viendo decenas y decenas de pasajeros, hasta que los colegas italianos de la Escuela de Gestalt de Genova me remplazan hasta el puerto de destino.

Fuera el ego, fuera el perfeccionismo, fuera la autoexigencia, fuera la rigidez, fuera las teorías. Recuperando los rituales y la experiencia.

Es conveniente que la intervención en trauma con grandes números de afectados sea lo más estructurada posible permitiendo, a la vez, cierta flexibilidad. El gran numero de personas a atender y el tiempo reducido me llevan a optar por una intervención en varios grupos de 10 a 15 personas para así individuar más fácilmente quienes necesitarán posteriores reuniones individuales, de pareja o en familia. En este caso, gracias al gran trabajo realizado por el care team, todos los pasajeros implicados directamente en la tragedia recibieron previamente una carta anunciando la presencia de un servicio psicológico a bordo e invitando a presentarse según sintieran la necesidad. Trabajar desde un enfoque grupal gestáltico y salutogénico en la atención al trauma implica el establecimiento de un entorno seguro, de una relación horizontal de máximo cuidado, una actitud de entrega y escucha activa y compasiva, así como una indagación atenta y cuidadosa de lo que a cada persona ocurre en el aquí y ahora como cierre de cada paso de la intervención. Decido cerrar cada círculo con un sencillo ritual. Cada persona recibe una pequeña concha de mar. La concha simboliza el paso por Mallorca (la estación sucesiva a Túnez en el recorrido del viaje), dejando así la tragedia y el miedo a la muerte atrás en el espacio y en el tiempo. La concha es la prueba de haber sobrevivido al terror; es un recuerdo tangible de la contención recibida en el crucero, del abrazo grupal y de la presencia de compañeros de destino. La concha sirve también como ancla a la hora de despertar de una pesadilla, de revivir escenas y sensaciones desagradables a través de un posible flashback…Si tengo la concha en mi mano y la miro, inmediatamente se que estoy viva, que he sobrevivido, me voy al momento en el cual la recibí, sé que estoy en el aquí y ahora de mi espacio seguro.

A lo largo de toda la intervención siento la fuerza de la unión entre personas desconocidas en comunión cercana. Empiezan a tejer una red en torno a un acontecimiento que les aunará para siempre. Regalo sonrisas y bromas a los más pequeños, mientras el ojo clínico desea confirmar la ausencia del mínimo impacto sobre sus almas tiernas y yo me desmorono por dentro. Parece que mis brazos se alargan sin fin para poder contener mamás y papás que hasta el momento no habían podido permitirse llorar. Trato de comprender su deseo de mantener vivo el sueño vacacional para sus hijos. Me emociono con las parejas que se agarran al sueño de su luna de miel o con quienes ven esfumarse el entusiasmo del primer gran viaje de su vida, la celebración de sus 50 años de boda, etc. Dedico un tiempo especial e íntimo a los adolescentes…con ellos me abro y decido poner mi experiencia de vida al servicio de su proceso de recuperación. No lo había hecho nunca de manera tan explícita y noto como me tiemblan las entrañas (pienso un segundo en Patricia Aliu y respiro hondo), mientras siento el peso de sus miradas en mi rostro. “Si yo lo logré y estoy aquí para contarlo, es posible también para vosotros!”. Nos reímos. Se despiden con esperanza y más optimismo, comprometidos a seguir buscando ayuda terapéutica una vez en tierra. ¡Tienen aún tanta vida por vivir!

Decenas de historias de vida que se entrelazan en tan pocas horas, atrapando cada minuto de mi Estar y cada milímetro de mi Ser.

Destinos sorprendentes, viejas heridas del alma que vuelven a sangrar con este nuevo atropello, profundas lecciones de vida aprendidas en pocos minutos, como es típico de los insights que llegan cuando la muerte nos estira por un brazo y la vida insiste por traernos de vuelta, estirándonos por el otro…

Sobre todo me enternece profundamente la necesidad de quedar “todos juntos” en el barco, en lugar de exponerse en tierra a los “tiburones con patas”, cámaras y micrófonos hambrientos, conocidos por pisotear sin escrúpulos la sensible e invisible herida que se comienza a apreciar en el alma.

Hoy vuelvo con mis pensamientos y con el corazón a aquel 18 de marzo, al indeleble recuerdo de las miradas de quienes sobrevivieron. Mi vela encendida honra a quienes ya no están, recuerda a quienes siguen en vida y enciende mi deseo de dedicar unas palabras a la experiencia, agradeciendo sinceramente la profesionalidad y la humanidad de todo el personal y de los directivos de Costa Crociere, quienes se preocuparon de cuidarme para que yo pudiera cuidar de “los suyos”.

Surcando las olas del Mediterráneo me doy cuenta que –a 22 años del atentado el 17 de enero de 1993- mi cicatriz está sana y fuerte. Descubro entonces que ya cierro una Gestalt para abrir otra.

Con Rachele - Care Team Costa Crociere

Con Rachele – Care Team Costa Crociere

Y doy gracias. Por todo.

Quemando la ignorancia.

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A tres semanas de solicitar formalmente al Consejo General de Enfermería las pertinentes disculpas por difamación y violación de los derechos de autor, aclarando que ni soy doula, ni mucho menos matrona (anterior post del 19/02/2015), he recibido un burofax con una respuesta.

Al leer la carta con atención y tres veces seguidas no salgo de mi asombro: no existe intención alguna de rectificar, ni de pedir disculpas.

Finalmente, cuando leo y releo la frase “Además, no cabe que niegue ud. la posibilidad de este derecho de cita, teniendo en cuenta que el artículo y la fotografía que se atribuye como propios incluyen una traducción libre de un texto propiedad de tercero (…)” ya me pregunto como se puede confundir su “copia y pega” de partes de un artículo e imagen cuyos derechos están explícitamente protegido para su reproducción total o parcial (tal como indicado a pie de artículo), con una cita regular dentro del contexto de un artículo, citando regularmente la fuente y su autor, siendo una “traducción libre” la traducción de un texto original por una persona -en este caso yo misma- que domina el idioma del texto original (citado en su nota correspondiente a pie de artículo) cuya traducción al castellano no está disponible, debido a que el libro en cuestión (en este caso “Atmen, singen, gebären” de Frédérick Leboyer) no está traducido ni editado en castellano!?!

El pasado fin de semana, prestando servicio de atención en crisis como psicóloga en el crucero Costa Fascinosa a más de cien pasajeros reduces del atentado terrorista en el Museo del Bardo en Túnez aprendí nuevamente a dar gracias a la vida. Y me llevo una gran enseñanza, nuevamente por una joven mujer: al cerrar una intervención grupal, sugerí que imagináramos que en el medio del círculo que habíamos creado con nuestras sillas estuviera una hoguera. A continuación propuse que cada persona que quisiera lanzara simbólicamente al fuego lo que no deseaba llevar consigo hasta su casa, algo que le sobraría en la nueva vida que se estaba gestando a partir de ahora, tras haber sobrevivido a tan devastadora experiencia el día anterior…

Una joven mujer fue la primera en hablar:

Yo tiro a la hoguera la ignorancia, esta ignorancia que ahora sé que puede hacer tanto daño y que no quiero, ni necesito que me amargue la vida…Y por esto la quiero dejar aquí. Y la tiro al fuego.

Estas palabras me llegaron muy hondo. Nunca olvidaré su voz, sus ojos, su mirada y su gesto. Eso mismo haré yo con el burofax recibido por el Colegio General de Enfermería: tirarlo a la hoguera para quemar la ignorancia. Y, de paso, también la soberbia.

 

PD: Esta des-aventura me está enseñando cosas muy valiosas e importantes. Una de ella, por ejemplo, es que por mucho que la mayoría de personas sepa leer no dejará de escribir mi nombre con una sola “L”. La otra, muy importante es que tras el “Informe Doula” está siendo maravilloso y fácil discriminar la paja del trigo.