Luna de Leche.

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Abro los ojos despacio.
Y siento: siento mis lágrimas calientes bajar por mi rostro, siento mi cuerpo adormecido, siento el frío que aún me invade y me invalida, siento un dolor en el pecho y siento un corte que escuece en mi vientre y paraliza mi cuerpo.
Y veo: veo la cara borrosa de mi marido que me mira con los ojos cansados, tristes y con preocupación, veo un rayo de sol entrar por la ventana, una habitación blanca… Solamente cuando giro lentamente mi mirada veo, por fin, a mi hijo. Duerme…aún…drogado…como yo, su madre.

Con el hilo de voz rota que me queda, pido que me lo pongan encima de mi pecho. Finalmente puedo tocarle, olerle, besarle, mientras mi mirada se ciega por las lágrimas que no paran de llover.

Nos han robado nuestro encuentro, no han permitido que le diera mi bienvenida a este mundo y a mis brazos como se merecía, han violado nuestra intimidad y su derecho a un buen nacer…
“¡Mujer! Pero ¿Qué haces?” Me asusta y me interrumpe la voz aguda e inquisitoria de la enfermera que irrumpe a la habitación y me ve sostener a mi bebé con la carita pegada a mi pezón. Contesto débilmente que estoy intentando ponerle al pecho.
Soy consciente que lo estoy haciendo como puedo, como mi cuerpo entorpecido por la sobredosis de medicación me lo permite. Me siento regañada por no sostenerlo “como se debe” y ridiculizada por intentarlo: “No ves que no tienes subida de leche aún? Esto va a demorar, qué con la cesárea y con el pecho que tienes…a ver si vas a tener leche?!”.
Se me congelan las lágrimas en los ojos.
A partir de este momento entiendo claramente que el maltrato no ha terminado en quirófano.
Algo muy profundo se despierta en mi…en este momento mi bebé abre débilmente los ojos y nos miramos: ¡soy mamífera y puedo amamantar! Ahora lo se, estoy com-ple-ta-men-te convencida de ello y estoy dispuesta a encontrar la fuerza para proteger a mi hijo de cualquier amenaza y a luchar a por todas para que no nos roben (también) la lactancia!
Pasamos cuatro días rechazando biberones de leche de fórmula, escuchando cualquier tipo de comentario, insulto y juicio hacia mis pechos y pezones supuestamente inútiles, mi cabezonería, mi irresponsabilidad, mi imprudencia por creer en mi capacidad de amamantar, por confiar en la fisiología de mi cuerpo de mujer y madre, por tener paciencia con mis pechos y por verlos perfectos…por querer darle lo mejor de mi a mi hijo: una madre presente, el alimento amoroso y reparador de aquel daño que nos hicieron.

“Yo puedo” me repito sottovoce, “tu puedes” le repito…
”No he oído nunca de un bebé que se muere en los brazos de su madre esperando que suba la leche!” llego a gritarle al cuarto día a quien aún insiste con sueros glucosados y biberones.

Solo estoy a gusto con mi bebé en brazos…sentir su respiro y mirarle a los ojos se ha convertido en mi analgésico…He (re)nacido Madre.

Cuando –cinco días después del nacimiento de mi hijo- noto por primera vez una potente subida de calor y un simpático hormigueo en ambos pechos, lloro de felicidad: mi bebé se engancha a mi pecho, ávido de dulce y tibia leche, aunque a la vez débil, irritado y seguramente incómodo.

Durante su primer mes de vida un seroma de mi herida no me facilita la movilidad ni experimentar buenas posturas para amamantarle con comodidad. Son varias las personas que me recomiendan no atormentarme más y dejar de insistir, dejar de “torturarme” con mi “obsesión” por darle teta cuando las leches de fórmula son tan prácticas y alimentan lo mismo o tal vez hasta mejor.
Para quien –como yo- fue amamantado tan solo durante tres meses “porque luego se acabó la leche” es todo un reto mantenerse firme, seguir creyendo en si misma y confiar en el instinto del bebé: dolida y dolorida, pero con necesidad de sentir la mamífera en mis entrañas después de haberme sentido violada en mi pasaje de mujer a mujer-madre, saco fuerzas del Amor que siento hacia mi hijo, del deseo de darle lo que necesita.

Foto: Laura Jaume.
Por la cortesía de Megumi Reich.

Doy gracias a la oxitocina endógena y a su Magia, a la mamífera que se despertó en mi y…a Joana María, asesora de lactancia materna de la Asociación ABAM, quien me acompaña pacientemente y me sostiene en frecuentes conversaciones telefónicas, de las que me alimento de confianza y ánimos. Cuando finalmente mi herida está casi cicatrizada, limpia y me permite desplazarme a pie…doy el primer paseo junto a mi bebé hacia la sede de ABAM para poner cara a aquella voz de ángel y dar las gracias. Sin su apoyo hoy no se como hubiera podido seguir dando el pecho a pesar del dolor, de mis pezones heridos y sangrantes, del agotamiento, y en soledad…

Nuestra lactancia feliz duró siete meses de forma exclusiva, defendiéndola a capa y espada (hasta frente a un médico otorrino, escandalizado por el “daño” que estaría haciendo a mis pechos!?!) durante dieciocho meses en total cuando, un día, mirándonos a los ojos sentimos que disfrutamos muchísimo, que el goce mutuo ha sido nutritivo y reparador para ambos, que nuestro lazo de Amor es indestructible y para siempre…que YO-EL y la teta hemos sido muy buenos aliados en nuestro camino hacia la con-fianza.

Gabriella Bianco

¡Despierta! Ha caído el Muro!

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En un día como hoy, hace 26 años, despertaba en la típica mañana oscura, perezosa y fría de una Berlín vestida de noviembre. Como cada mañana, casi sonámbula, me dirigí directamente a la ducha, soñando con mi sagrado café con leche, ambas cosas conditio sine qua non para empezar el día y sin los cuales sigo -hasta hoy- sin ser persona a primera hora de la mañana.

Desayuné sola, en silencio, en la enorme cocina, mirando en la nada por el (también enorme) ventanal hacia el noble Hiterhof (patio interior). Tomé mi café con leche sin escuchar la radio, sin cruzarme con nadie en el largo pasillo de aquella Altberliner Wohnung, un piso de unos 250 mq en la Derfflinger Strasse. Compartía con Martin (ex-ciudadano de la República Democrática Alemana, huido a principio de los años ’80), Mira (escritora y periodista del “mítico” TAZ), Marie-Hélène (profesora de filosofía en el Colegio Francés) y Ross (estudiante canadiense, acompañado a menudo por su siempre-sonriente novio, soldado de las Fuerzas Aliadas estadounidenses quien, en nuestro pintoresco hogar, no pegaba ni con chicle).

Parecía (aún) una mañana cualquiera. Salí de casa para dirigirme al trabajo, recogí los periódicos del día, tirados como cada mañana en el felpudo delante de la entrada y los dejé encima de la mesita del teléfono. Cerré la puerta tras mío, sin más.

Cuando salí a la calle tuve una sensación extraña…la gente ERA extraña…¿O era yo? No entendía lo que me pasaba. A cada paso más que daba tenía la sensación de estar en otra ciudad, en una ciudad desconocida, o de estar soñando…o de que alguien me hubiera catapultado en una película de otros tiempos!?! Caminaba por la Kurfüstenstrasse con la intención de doblar, como de costumbre, en la Ansbacher Strasse para llegar a Wittenberg Platz y entrar al Tauentzien. A medida que avanzaba, casi como un robot, entendía menos. ¿Que pasaba con toda esta GENTE EXTRAÑA? Hasta los coches eran…EXTRAÑOS!!! Juro que -aún conociendo perfectamente los Trabbis del Este, el ruido de su motor de dos tiempos y el olor pestilente de su combustible- no lograba entender qué hacían aquellos coches circulando por Berlín Oeste. Porque…no podía ser posible!

¡Era más fácil pensar que estaba teniendo alucinaciones!

Hasta que no llegué al trabajo, y vi que delante de la boutique de zapatos donde me ganaba el pan como joven estudiante habían preparado una mesa con vasos y con Sekt (el cava alemán). ¿Que había que celebrar? No entendía NADA. Fue allí cuando salió Thomas -un colega huido del Este años atrás- y repetía, gritando sin parar: “DIE MAUER IST GEFALLEN!!!” (¡Ha caído el Muro!)

Fue entonces cuando yo desperté definitivamente, aquel 10 de noviembre, a las 10 h de la mañana, en un mundo nuevo, donde la ficción se había hecho realidad en…3 segundos!

Hoy puede parecer extraño que yo (y otros miles de ciudadanos de Berlín Oeste) no nos habíamos dado cuenta hasta la mañana siguiente.

También puede parecer extraño que nos sorprendiéramos tanto, tras los últimos acontecimientos y “turbulencias” en las fronteras de la RDA y Checoslovaquia, o lo que ocurría en Hungría y en los países de Europa del Este.

Puede parecer hoy incomprensible, pero entonces, a pesar de vivir un extraordinario momento histórico, nos parecía mentira!

Berliner Mauer

Berliner Mauer

Va de vida, va de muerte.

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La vida y la muerte que van de la mano. El inicio y el final de un mismo baile. El ciclo que empieza y acaba. Y empieza y acaba, empieza y…

El rincón de mi tierra natal que “me persigue” desde hace años, apareciendo en mi vida bajo formas y naturaleza distintas… Se cuenta que en Sardegna/Cerdeña, la “isla de enfrente”, la Vida y la Muerte iban acompañadas por las mismas manos hasta poco más allá de finales de los años cincuenta del siglo pasado, cuando aún no acostumbraban a verse hospitalizadas por rutina. Vida y Muerte se encontraban en la intimidad de las casas, deslizándose entre las manos de una mujer, a la vez santa y bruja, admirada y temida, con dos nombres y un mismo cuerpo: sa levadora, s’accabadóra.

Foto: Raffaele Di Pasquale (C)

Foto: Raffaele Di Pasquale (C)

A través de las páginas de dos novelas apasionantes -ambas nacidas en Cerdeña- estas dos figuras encarnadas en una sola se ven retratadas de forma apasionante y misteriosa.

accabadoraLa novela La Acabadora de Michela Murgia llegó a mis manos por una de las magias de la vida. Apareció en el momento exacto en el que tenía que ser, uno de aquellos momentos en los que me pregunto cual será el motivo que justifica tanto sufrimiento, la razón de seguir en vida estando atada a ella por un hilo tan inmensamente frágil, sin conexión casi con el mundo de afuera… Aquel día volvía de visitar a mi madre en Italia. Llegaba tarde al aeropuerto y me quedaban poquísimos minutos para saltar en mi avión de vuelta a Mallorca. Por el pasillo obligado en medio del duty free me acordé que no llevaba nada para leer durante el vaje (casi un sacrilegio, vamos). Casi volando, cogí de la estantería el primer libro que me vino a las manos: Acabadora. La que acaba. “¿Como que la que acaba? ¿Quien acaba con qué?”. Empecé a temblar por dentro tan solo tras las primeras páginas. Pocas horas después me encontraba mirando en el vacío, sentada en mi terraza, con el libro terminado, aún caliente, en mi regazo. El estilo sobrio y poético de Michela Murgia me atrapó en las figuras de Bonaria Urrai, una mujer anciana, sencilla, a la vez poderosa y temida y de Maria, su “fill’e e anima“, así como se definen los hijos cedidos por las madres biológicas a las madres adoptivas. Maria es una hija generada dos veces, “de la pobreza de una mujer y la esterilidad de otra”. La acabadora lleva un aura misteriosa, viste la sombra del miedo que se enciende en los ojos de quienes encuentran su mirada.

Pietrina, la protagonista de Sa levadorahistoria escrita a cuatro manos por Carmen levadoraSalis e Ivan Murgana– nos muestra la otra cara de la misma figura. Pietrina se convierte en partera trabajando en las minas de Bugerru, cuando por primera vez se vio en la tesitura de ayudar a dar a luz a una criatura fruto de la vergüenza, de la violación. Pronto convierte su vocación en amor y se entrega a ello alma y cuerpo. No fue bien vista por su vida apasionada y misteriosa en una Cerdeña de los años ’50, por ser un alma libre, ajena al prejuicio e indiferente a las críticas y a las malas lenguas. Unos la quisieron y otros muchos la temieron por enseñar la cara de una mujer sarda fuerte, libre, determinada y esquiva. Una historia fascinante, fruto de una investigación minuciosa que nos confirma la importancia de buscar en nuestro pasado para poder llegar a conocernos mejor y dar un sentido nuevo a la vida…

Dos mujeres, Bonaria y Pietrina, o una sola con dos caras. Una tierra mágica que me atrae y que visito a través de las páginas de estos libros, que recomiendo a quienes creen poderse apasionar por las verdades silenciadas de una Cerdeña aún por descubrir.

Foto: Raffaele Di Pasquale (C)

Foto: Raffaele Di Pasquale (C)

Romper el silencio, una responsabilidad de tod@s.

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La primera vez que oí hablar públicamente y sin tapujos de los Reformatorios para jóvenes mujeres españolas durante el franquismo fue por la voz de la Dra. Enriqueta Barranco, ginecóloga, feminista y mujer de mucho valor no solamente por sus logros profesionales, sino por su compromiso genuino con la salud de la mujer. La Dra. Barranco es una de aquellas increíbles mujeres de las que tengo el privilegio de seguir aprendiendo en el marco de CAPS, la Red de Mujeres Profesionales de la Salud. El pasado octubre el Patronato de la Fundación Española de Contracepción otorgó a la Dra. Barranco un reconocimiento oficial por su actividad profesional dedicada al Estudio, Investigación y Educación de la Salud Sexual y reproductiva de la Mujer. El discurso de Enriqueta al recibir el Premio me conmocionó profundamente (vídeo: Reconocimiento al Personaje destacado en Salud Sexual y Reproductiva 2014 Dra. Enriqueta Barranco Castillo, a partir del minuto 12). Sin pelos en la lengua denuncia públicamente las torturas a las cuales fueron sometidas decena de miles de jóvenes mujeres recluidas en instituciones del Estado Español y de la Iglesia Católica hace tan solo unas décadas, bajo la tutela del Patronato de Protección de la Mujer. Mujeres convertidas en esclavas por el mero hecho de pensar o -lo que era peor- haberse quedado embarazadas, y así sistemáticamente torturadas por la mano de “cuidadoras”, religiosas, médicos ginecólogos, psiquiatras…

desterradas hijas de eva
Pocas semanas después llegó a mis manos una entrevista a Consuelo García del Cid Guerra, superviviente, investigadora, escritora y autora del libro-documento “Las desterradas hijas de Eva”, cuyo testimonio parecía darle un sentido más profundo a muchas de las historia de violencia institucional(izada) en el ámbito de la obstetricia moderna en España. Busqué su libro en las librerías de Palma, en vano. Me apunté el título y lo subrayé con marcador en mi agenda para seguir buscando en alguno de mis próximos viajes a ciudades más grandes, Barcelona, Madrid. No tuve éxito.

Aquí está por fin entre mis manos, leído en una noche, recorriendo con los dedos y mis ojos cansados y húmedos páginas y páginas de testimonio de atrocidades, documentos que entrelazan destinos personales con una represión siniestra a la mujer durante los cuarenta años de dictadura española y a lo largo de la Transición democrática, hasta finales de los años ’80! Jóvenes mujeres secuestradas a sus familias (o deliberadamente entregadas por sus padres) por parte del Patronato de Protección de la Mujer por ser consideradas “caídas” o “en riesgo de caer”, retenidas en contra de su voluntad hasta una mayoría de edad extendida arbitrariamente hasta los 25 años, forzadas a trabajos ilegales no retribuidos, maltratadas física y psicologicamente, despojadas de enseres personales y hasta de los hijos que parían, ocultadas detrás de muros impenetrables, bajo la supervisión de órdenes religiosas, en estrecha colaboración con párrocos, monjas, psiquiatras, ginecólogos y matronas… Adolescentes forzadas a revisiones ginecológicas para averiguar si eran “completas” o “incompletas”, para establecer entonces sus destinos hacia uno u otro “hogar de protección” según su perfil, para determinar las adecuadas y merecidas “medidas educativas”, para justificar su exilio temporal o la desaparición de sus hijos.

Lo peor que te podía pasar -nos cuenta Consuelo García del Cid- era estar embarazada

Las consecuencias del pecado del embarazo: retención, aislamiento, trabajo forzados, “revisiones obstétricas” sin piedad, partos abandonados o violentados, hijos “muertos” o sencillamente desaparecidos. La violencia obstétrica marcaba la forma de venir al mundo de cada criatura, a través del mal-trato verbal y físico sufrido por las jóvenes madres obligadas a parir humilladas y encerradas bajo la tutela del Patronato de Protección de la Mujer y el Ministerio de Justicia. Las “rebeldes” terminaban en la psiquiatría, en “habitaciones individuales”, a algunas se le daba elecroshock o terminaban como carne de cañón para experimentos con fármacos… Otras se suicidaban, tirándose por el vacío de la escalera, lo que siempre se justificaba como “accidente”. Una trama rigurosamente articulada y organizada al amparo de la ley, de la iglesia y del Patronato, sigilada en los silencios de las víctimas. Silencios cargados de miedo, vergüenza y culpa durante demasiado tiempo.

Consuelo García del Cid pone palabras y voz a lo ocurrido detrás de los muros de los Reformatorios, las Maternidades, los Preventorios (instituciones en las que se recluían niñas desamparadas, de familias humildes o sencillamente niñas cuyo único pecado era “no obedecer” o “no rezar”), recogiendo testimonio de aquellas niñas y jóvenes mujeres, que hoy en día tienen entre 40 y 60 años. La investigación de Consuelo García del Cid devuelve, al menos en parte, dignidad a las supervivientes, cuyos derechos siguen aún pisoteado e ignorados en la imposibilidad de denuncia y en la ausencia de arrepentimiento y de unas debidas disculpas formales, tanto por parte del Estado como de la Iglesia. Los verdugos también siguen vivos, algunos incluso galardonados con premios y reconocimientos oficiales por su labor humanitaria, otros con responsabilidades y cargos políticos importantes y reconocidos: ninguno de ellos recuerda nada.

Silencio.

El mismo silencio de siempre, impuesto y recomendado hasta a la autora del libro, quien fue desalentada en varias ocasiones a lo largo de su investigación, a quien fue recomendado dejar de seguir esta pista, incluso por parte de algunas Asociaciones por la Recuperación de la Memoria Histórica.

¿A quien interesaría conocer lo que pasaba con “las niñas malas” del franquismo? ¿Para que hacer luz en la sombra que se extendió hasta una década después de la muerte del dictador?

Más allá de las responsabilidades individuales existe una responsabilidad colectiva: la de no callar, para no olvidar. Nunca.

Trabajando al lado y para las mujeres en esta tierra desde hace más de quince años, me pregunto naturalmente cuanto de los valores y de la mentalidad ligados al castigo de la mujer libremente pensante tiñe hasta hoy en día la atención a nuestra salud sexual y reproductiva. Me pregunto cuanto de lo transmitido “entre líneas” y asimilado hasta la médula durante los años de formación profesional bajo Franco (y más allá) por las y los profesionales de la salud femenina se traduce en las bien conocidas actitudes violentas e irrespetuosas aún presentes en los paritorios de algunos hospitales y clínicas en todo el Estado Español, así como las víctimas de aquellos años relatan detalladamente en los testimonios recogidos por Consuelo García del Cid. Ni más, ni menos.

Me consta y doy fe del mal-trato obstétrico institucional(izado) hasta la actualidad, de niños “cedidos” (o directamente robados!) hasta mitad de los años ’80 o de madres adolescentes cuyos recién nacidos han sido secuestrados por la institución sanitaria del Estado para “adopciones” inmediatas, hasta principio de los años ’90. Si, también en Mallorca.

Espero y deseo que “Las desterradas hijas de Eva” llegue a los oídos, ojos y corazones de muchas mujeres que aún callan, atrapadas por demasiado dolor, paralizadas por el miedo, debilitadas por la vergüenza y la culpa. Espero y deseo que muchos más libros, documentos y testimonios puedan encontrar alas y espacio, reconocimiento y agradecimiento por parte de nuestra generación y las siguientes. Así como espero que en algún momento se haga justicia, una justicia que no siempre es de los Tribunales, que puede ser la de la Consciencia, fruto del más sincero arrepentimiento, de las disculpas formales y proporcionar así cierta reparación, devolver dignidad y paz a las almas de las personas heridas.

Consuelo García del Cid Guerra y Roser Gallardo Ferrer

Consuelo García del Cid Guerra y Roser Gallardo Ferrer. Foto: G. Bianco.

Ha sido un inmenso regalo y un gran honor asistir ayer por la noche a la presentación del libro “Las desterradas hijas de Eva” aquí en Palma, con la presencia de su autora, Consuelo García del Cid Guerra. Su mirada, su tono de voz y su mensaje quedan grabados en mi alma.

Gracias a mujeres maravillosas y valiosas como Montse Rodriguez y Verónica Riutort por hacerlo posible, por organizar esta noche inolvidable, en colaboración con Ateneu Llibertari Estel Negre en Palma.

Gracias por estar, quienes ayer tenían que estar. Gracias por no callar.

(…) Para la mayoría de las mujeres, estas historias secretas son sus historias personales, incrustadas, no como piedras preciosas en una corona sino más bien como negra grava bajo la piel del alma. (…) No sé qué pensarán nuestras nietas y nuestras bisnietas de esta manera de reseñar nuestras vidas. Espero que reciban las debidas explicaciones. (Clarissa Pinkola Estés en “El clan de las cicatrices”, de la obra “Mujeres que corren con los lobos”).

Cuida a quien te cuida. A ti, matrona.

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Hoy es el Día Internacional de la Matrona.

Fuente: pramzanblog.com

Fuente: pramzanblog.com

Es un día que me gusta. Es un día en el que me gusta recordar como he sido cuidada por la matrona, por mi madre y su madre en el momento en el que he venido al mundo. En el día de hoy recuerdo con cariño, admiración y agradecimiento la Señora Maria Godi, la matrona que me acogió con dulzura y alegría en el momento que decidí nacer, la que respetó los tiempos y ritmos de mi madre y míos, la que me recogió los pocos y rubios pelos de mi cabecita con un delgado lazo de raso rosa (¡que paciencia y que amor!), la que venía cada mañana a casa en bicicleta para acompañar a mi madre en su travesía de madre recién estrenada, la que me vino a la mente pocos momentos tras haber dado a luz a mi hijo, echándola de menos… Gracias.

A todas las matronas quiero desear hoy un FELIZ DÍA DE LA MATRONA!

A todas las que nos cuidan, como guardianas de la salud de la humanidad.
A todas las que cuidan de la vida desde los primeros momentos en los que se instala con amor, fuerza y picardía en nuestros úteros, y pulsa. 
A todas las que cuidan también cuando la vida se va demasiado pronto.
A todas las que no paran de aprender, de cuestionarse cada día, de transformarse.
A todas las que están a pie del cañón, en paritorios inhóspitos y violentos, poniendo su granito de arena para que un “sencillo vaso de agua” se transforme en un gesto grande.
A todas las que se lanzan a emprender una vía nueva, de profesionales libres.
A todas las que creen en las mujeres y en la fuerza de la vida, y lo demuestran.
A todas las que aprendieron el idioma secreto de los bebés, el de los úteros, el de los ciclos reproductivos y de la menstruación y se hacen traductoras, para que podamos aprender de sus voces.
A todas las que saben escuchar, hasta los silencios, y regalan un abrazo o una caricia.
A todas las valientes, las que se comprometen y son aliadas de las mujeres.
A todas las que son generosas y comparten sin miedo a que le quiten, con la ilusión de construir redes y puentes.

A todas las que aún no han podido mirar de frente sus heridas y siguen estando, a pesar de intuir que (se) están haciendo daño.

A todas las que tuvieron confianza en mí y se dejaron acompañar, como pacientes o alumnas.

A todas las que aún confiáis en mi, y con quienes sigo compartiendo recorridos distintos.

Muy especialmente a las matronas que están siempre a mi lado, en el día a día, desde la cercanía o más distancia, que me quieren como a una hija, como a una hermana.

Gracias por estar en mi vida. Gracias por seguir cuidando. Y por cuidaros.

Psicóloga a bordo.

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Costa Fascinosa

Costa Fascinosa

Ha pasado un mes de aquel 18 de marzo, día en el cual más de veinte personas inocentes perdieron su vida en el atentado al Museo del Bardo, en Túnez. Otras cientos se salvaron, sin siquiera saber cómo, ni a quien dar las gracias por seguir en esta vida. Eso si, nada nunca más será como antes para ninguno de ellos: bebés, niñas y niños, adolescentes, padres y madres, abuelas y abuelos… Me siento enormemente privilegiada y agradecida por haber tenido la oportunidad de escucharles y acompañarles durante las horas que siguieron al atentado, en el primer tramo de su travesía hacia la elaboración del trauma vivido. Mientras, el mundo parece haber pasado página, olvidando “la noticia”, que quedó ahogada en poco más de 48 horas en “nuevas” tragedias, más pérdidas, especulaciones amarillistas de periódicos y noticieros dedicados a perseguir otras catástrofes, otros cadáveres, otros culpables.

Como psicóloga dedicada durante más de dos décadas al trauma psicológico soy consciente de lo decisivo que pueden ser las horas que siguen el impacto de la experiencia traumática sobre el proceso de elaboración psicoemocional del trauma. Un buen debriefing, así como la atenta y adecuada contención han demostrado ser elementos fundamentales para alcanzar un conveniente nivel de resiliencia, lograr dar un sentido a lo ocurrido, poder encontrar una nueva motivación y seguir viviendo desde la responsabilidad plena.

La incierta presencia de los primeros en acudir a mi y mi calmo permanecer en las olas tormentosas de sus sentimientos encontrados y difusos, aún bajo shock, me sugieren que la vida me quiere poner a prueba, una vez más. No puedo evitar preguntarme ¿Qué necesitaré aprender esta vez?

El jueves 19 de marzo 2015 al mediodía recibo la llamada de Patricia Aliu, directora de la Escuela Gestalt Mediterráneo, donde me formé como psicoterapeuta en Mallorca. Patricia fue mi profesora, mi terapeuta y supervisora durante más de una década. Me sorprende su llamada y más el motivo de la misma: averiguar mi disponibilidad para prestar servicio de atención en crisis a los pasajeros del crucero Costa Fascinosa, que llegaría al Puerto de Palma con pasajeros supervivientes del atentado terrorista del día anterior en Túnez. No dudo ni un minuto en confirmarle que cuente conmigo. Patricia me conoce “como un calcetín revuelto”. La siento cerca, muy cerca. Sé que estará conmigo desde la confianza y el apoyo que siempre me ha demostrado, hasta en los momentos más difíciles de mi recorrido personal y profesional. Ninguna de las dos lo dice, aunque ambas sepamos perfectamente que se presenta para mí una clarísima prueba de fuego. Yo se que ella sabe perfectamente que aceptaré el reto. Y allá voy.

Pocas horas después me embarco por primera vez en mi vida en un crucero de más de 3000 pasajeros y 1000 tripulantes. Es un pueblo flotante. Tras pasar todas las barreras de seguridad, me recibe el Care Team italiano de la compañía, compuesto por maravillosas personas, empleados de Costa Crociere, formados como voluntarios para hacer frente a cualquier primera necesidad en caso de catástrofe a bordo. Quedo impresionada por su organización, eficiencia, profesionalidad, calidez y muy especialmente por el cuidado de cada persona y detalle. Y entonces descubro que son más de 100 los pasajeros italianos que necesitarán ser atendidos en las próximas horas, asomándose lentamente los primeros y molestos síntomas del TEPT (Trastorno por Estrés Postraumático), transcurridas las primeras horas de shock y de “congelamiento emocional”.

Por un momento me siento mareada. Sé que no es el mar, sino la sensación de que es demasiado, de que no voy a poder, de que me voy a ahogar en una cascada incesante de lágrimas de dolor, miedo, desconcierto, pena y rabia. ¿Por qué se quedaron a bordo? ¿Por qué no pidieron ser repatriados? ¿Por qué nadie me dijo el día anterior que serían tantos? ¿Cómo encarar la intervención para llegar a todos de la forma más adecuada posible? Mi cabeza no para de dar vueltas.

“Adelante” es a lo que me incita mi voz interior. Y adelante voy. Me quedo a bordo viendo decenas y decenas de pasajeros, hasta que los colegas italianos de la Escuela de Gestalt de Genova me remplazan hasta el puerto de destino.

Fuera el ego, fuera el perfeccionismo, fuera la autoexigencia, fuera la rigidez, fuera las teorías. Recuperando los rituales y la experiencia.

Es conveniente que la intervención en trauma con grandes números de afectados sea lo más estructurada posible permitiendo, a la vez, cierta flexibilidad. El gran numero de personas a atender y el tiempo reducido me llevan a optar por una intervención en varios grupos de 10 a 15 personas para así individuar más fácilmente quienes necesitarán posteriores reuniones individuales, de pareja o en familia. En este caso, gracias al gran trabajo realizado por el care team, todos los pasajeros implicados directamente en la tragedia recibieron previamente una carta anunciando la presencia de un servicio psicológico a bordo e invitando a presentarse según sintieran la necesidad. Trabajar desde un enfoque grupal gestáltico y salutogénico en la atención al trauma implica el establecimiento de un entorno seguro, de una relación horizontal de máximo cuidado, una actitud de entrega y escucha activa y compasiva, así como una indagación atenta y cuidadosa de lo que a cada persona ocurre en el aquí y ahora como cierre de cada paso de la intervención. Decido cerrar cada círculo con un sencillo ritual. Cada persona recibe una pequeña concha de mar. La concha simboliza el paso por Mallorca (la estación sucesiva a Túnez en el recorrido del viaje), dejando así la tragedia y el miedo a la muerte atrás en el espacio y en el tiempo. La concha es la prueba de haber sobrevivido al terror; es un recuerdo tangible de la contención recibida en el crucero, del abrazo grupal y de la presencia de compañeros de destino. La concha sirve también como ancla a la hora de despertar de una pesadilla, de revivir escenas y sensaciones desagradables a través de un posible flashback…Si tengo la concha en mi mano y la miro, inmediatamente se que estoy viva, que he sobrevivido, me voy al momento en el cual la recibí, sé que estoy en el aquí y ahora de mi espacio seguro.

A lo largo de toda la intervención siento la fuerza de la unión entre personas desconocidas en comunión cercana. Empiezan a tejer una red en torno a un acontecimiento que les aunará para siempre. Regalo sonrisas y bromas a los más pequeños, mientras el ojo clínico desea confirmar la ausencia del mínimo impacto sobre sus almas tiernas y yo me desmorono por dentro. Parece que mis brazos se alargan sin fin para poder contener mamás y papás que hasta el momento no habían podido permitirse llorar. Trato de comprender su deseo de mantener vivo el sueño vacacional para sus hijos. Me emociono con las parejas que se agarran al sueño de su luna de miel o con quienes ven esfumarse el entusiasmo del primer gran viaje de su vida, la celebración de sus 50 años de boda, etc. Dedico un tiempo especial e íntimo a los adolescentes…con ellos me abro y decido poner mi experiencia de vida al servicio de su proceso de recuperación. No lo había hecho nunca de manera tan explícita y noto como me tiemblan las entrañas (pienso un segundo en Patricia Aliu y respiro hondo), mientras siento el peso de sus miradas en mi rostro. “Si yo lo logré y estoy aquí para contarlo, es posible también para vosotros!”. Nos reímos. Se despiden con esperanza y más optimismo, comprometidos a seguir buscando ayuda terapéutica una vez en tierra. ¡Tienen aún tanta vida por vivir!

Decenas de historias de vida que se entrelazan en tan pocas horas, atrapando cada minuto de mi Estar y cada milímetro de mi Ser.

Destinos sorprendentes, viejas heridas del alma que vuelven a sangrar con este nuevo atropello, profundas lecciones de vida aprendidas en pocos minutos, como es típico de los insights que llegan cuando la muerte nos estira por un brazo y la vida insiste por traernos de vuelta, estirándonos por el otro…

Sobre todo me enternece profundamente la necesidad de quedar “todos juntos” en el barco, en lugar de exponerse en tierra a los “tiburones con patas”, cámaras y micrófonos hambrientos, conocidos por pisotear sin escrúpulos la sensible e invisible herida que se comienza a apreciar en el alma.

Hoy vuelvo con mis pensamientos y con el corazón a aquel 18 de marzo, al indeleble recuerdo de las miradas de quienes sobrevivieron. Mi vela encendida honra a quienes ya no están, recuerda a quienes siguen en vida y enciende mi deseo de dedicar unas palabras a la experiencia, agradeciendo sinceramente la profesionalidad y la humanidad de todo el personal y de los directivos de Costa Crociere, quienes se preocuparon de cuidarme para que yo pudiera cuidar de “los suyos”.

Surcando las olas del Mediterráneo me doy cuenta que –a 22 años del atentado el 17 de enero de 1993- mi cicatriz está sana y fuerte. Descubro entonces que ya cierro una Gestalt para abrir otra.

Con Rachele - Care Team Costa Crociere

Con Rachele – Care Team Costa Crociere

Y doy gracias. Por todo.

Quemando la ignorancia.

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A tres semanas de solicitar formalmente al Consejo General de Enfermería las pertinentes disculpas por difamación y violación de los derechos de autor, aclarando que ni soy doula, ni mucho menos matrona (anterior post del 19/02/2015), he recibido un burofax con una respuesta.

Al leer la carta con atención y tres veces seguidas no salgo de mi asombro: no existe intención alguna de rectificar, ni de pedir disculpas.

Finalmente, cuando leo y releo la frase “Además, no cabe que niegue ud. la posibilidad de este derecho de cita, teniendo en cuenta que el artículo y la fotografía que se atribuye como propios incluyen una traducción libre de un texto propiedad de tercero (…)” ya me pregunto como se puede confundir su “copia y pega” de partes de un artículo e imagen cuyos derechos están explícitamente protegido para su reproducción total o parcial (tal como indicado a pie de artículo), con una cita regular dentro del contexto de un artículo, citando regularmente la fuente y su autor, siendo una “traducción libre” la traducción de un texto original por una persona -en este caso yo misma- que domina el idioma del texto original (citado en su nota correspondiente a pie de artículo) cuya traducción al castellano no está disponible, debido a que el libro en cuestión (en este caso “Atmen, singen, gebären” de Frédérick Leboyer) no está traducido ni editado en castellano!?!

El pasado fin de semana, prestando servicio de atención en crisis como psicóloga en el crucero Costa Fascinosa a más de cien pasajeros reduces del atentado terrorista en el Museo del Bardo en Túnez aprendí nuevamente a dar gracias a la vida. Y me llevo una gran enseñanza, nuevamente por una joven mujer: al cerrar una intervención grupal, sugerí que imagináramos que en el medio del círculo que habíamos creado con nuestras sillas estuviera una hoguera. A continuación propuse que cada persona que quisiera lanzara simbólicamente al fuego lo que no deseaba llevar consigo hasta su casa, algo que le sobraría en la nueva vida que se estaba gestando a partir de ahora, tras haber sobrevivido a tan devastadora experiencia el día anterior…

Una joven mujer fue la primera en hablar:

Yo tiro a la hoguera la ignorancia, esta ignorancia que ahora sé que puede hacer tanto daño y que no quiero, ni necesito que me amargue la vida…Y por esto la quiero dejar aquí. Y la tiro al fuego.

Estas palabras me llegaron muy hondo. Nunca olvidaré su voz, sus ojos, su mirada y su gesto. Eso mismo haré yo con el burofax recibido por el Colegio General de Enfermería: tirarlo a la hoguera para quemar la ignorancia. Y, de paso, también la soberbia.

 

PD: Esta des-aventura me está enseñando cosas muy valiosas e importantes. Una de ella, por ejemplo, es que por mucho que la mayoría de personas sepa leer no dejará de escribir mi nombre con una sola “L”. La otra, muy importante es que tras el “Informe Doula” está siendo maravilloso y fácil discriminar la paja del trigo.

¿Quien es y que hace una psicóloga perinatal? (por las dudas)

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Varias semanas tras la publicación del que se denomina “Informe Doulas” por parte del Consejo de Enfermería no hay manera de zanjar este asunto de una vez por todas. Ya expresé mi sentir y mis intenciones con respecto a esta moderna “caza de brujas” en mi último post De hogueras mediáticas y demás desINquisiciones.

Marc Chagall "Maternidad" (1913)

Marc Chagall “Maternidad” (1913)

Con esta entrada quisiera responder a quienes aún me expresan sus dudas acerca de la función de la Psicología Perinatal, a quienes preguntan o no se aclaran, a quienes parece quitarle el sueño que podamos ser varias, variadas y variopintas las profesionales que nos dedicamos a la salud de género en este país. Así, cuando me preguntan en qué consiste la consulta de una psicóloga perinatal me surge espontáneo contestar que una psicóloga perinatal -regularmente colegiada- atiende personas, parejas, familias o grupos de personas que solicitan servicios propios de su profesión como psicóloga y como profesional de la salud mental. La psicóloga experta en salud mental perinatal desempeñará su tarea de acuerdo a los principios de su profesión, detallados en su código deontológico, con una mirada y unos conocimientos específicos, relativos a una etapa concreta de la vida que va desde la pre-concepción hasta los primeros años de vida de un ser humano y de su familia. La Psicología Perinatal es una ciencia que nace en el seno de la Salud Primal y sus ámbitos de actuación se centran especialmente en la prevención y promoción de la salud mental perinatal, en la detección y tratamiento de psicopatología en las etapas desde la pre-concepción hasta el posparto y primera crianza, incluyendo -cuando indicada- la intervención psicoterapéutica, así como el acompañamiento profesional en un camino de crecimiento personal a partir de la etapa de maternidad y/o paternidad. La formación profesional y la investigación son áreas que complementan las tareas preventivas y clínicas de la Psicología Perinatal.

poster expertoEn las próximas semanas verá la luz un curso de extensión universitaria en Psicología Perinatal: prevención psicosocial, promoción de la salud y modelos de intervención organizado por la Fundació Universitària Rovira i Virgili en colaboración con la Asociación Española de Psicología Perinatal (más información aquí), dirigido exclusivamente a profesionales de la Salud Mental y estudiantes de psicología con el fin de abrir posibilidades de formación reglada y acreditada en esta incipiente rama de la psicología.

La psicóloga perinatal colabora desde una perspectiva integradora e interdisciplinar con otros profesionales de la Salud Primal: matronas, obstetras, asesoras de lactancia, psiquiatras perinatales, neonatólogos y/o pediatras, etc. El objetivo del trabajo en red es el de potenciar los recursos individuales privilegiando la escucha activa de la mujer y de su familia, dejando plena autonomía en la toma de decisiones conscientes e informadas, con el objetivo de favorecer un crecimiento en el rol de madre/padre y -si cabe- un empoderamiento de la mujer desde los primeros meses de la gestación.

Como es sabido, quien solicita los servicios de una psicóloga y/o psicoterapeuta suele estar sufriendo una situación de malestar anímico que le impide vivir su vida de forma satisfactoria. Algunos solicitan ayuda en el momento de atravesar una crisis vital. Hay pacientes que padecen trastornos psicológicos que pueden interferir seriamente en la calidad de su vida cotidiana y la de sus relaciones, que precisan ser detectados y diagnosticados adecuadamente y precozmente para poder diseñar una estrategia de intervención ad hoc y eficaz desde la clínica psicológica. Cada vez más acuden a la consulta de psicología personas sanas (!), que desean realizar un recorrido de crecimiento personal acompañadas por profesionales de la psicología y/o psicoterapeutas altamente calificadas.

En el caso de una mujer que está viviendo su etapa de maternidad pasa exactamente lo mismo! Y las hay que acuden a la consulta de psicología perinatal por derivación de otro profesional sanitario (médic@ de familia, matrona, ginecólog@, psiquiatra, pediatra etc.), como también hay quienes llegan por su propia elección y deseo (¡faltaría más! como si eligieran consciente y libremente solicitar los servicios profesionales de la matrona, de la médica, de la doula, de la acupunturista, de la fisio, o..¡de la chamana! o quien -según su predilección- puede ser de ayuda y sostén durante este momento vital).

A lo largo de la gestación, parto y puerperio la mujer experimenta un cambio relevante en su sistema psico-neuro-endocrino, lo cual se traduce en sensaciones, estados de ánimo, pensamientos y conductas dirigidos por un lado a proteger a su criatura y, por el otro, a prepararse para un cambio vital tan trascendente e intenso, un crecimiento como mujer y como persona en un mundo y una sociedad que actualmente (¿aún?) no contemplan la maternidad como un valor protector de la salud (mental) de la humanidad futura. Cuando me preguntan si una mujer sufre cambios emocionales durante su embarazo que justifiquen una atención psicológica suelo responder que es esperable y saludable que la mujer embarazada experimente emociones y sensaciones nuevas y propias de una etapa de su vida durante la cual está realizando el acto creativo más sublime de cual es capaz un ser humano ¡gestar una vida! El cómo, en qué medida y con cuales consecuencias estos cambios pueden afectar negativamente durante la gestación no depende del género ni del proceso de maternidad en sí mismos, sino en gran medida de factores de origen psicosocial y asistencial que pueden estar perjudicando su bienestar y, en casos más graves, su salud mental y la de su bebé.

Foto: G. Bianco (C) "El árbol de la vida".

Foto: G. Bianco (C) “El árbol de la vida”.

El embarazo, el parto y el posparto no son necesariamente ni por defecto etapas vulnerables en la vida de la mujer, tal y como se suele pre-suponer. ¿Por qué razón debería la naturaleza prever debilidad para la (futura) madre en una etapa tan crucial y determinante para la supervivencia de la especie? La fragilidad psicológica en este momento suele ser una de las consecuencia de una atención sanitaria cada vez más fugaz, vivida por la mujer (y/o su pareja) como fría, impersonal o distante, altamente medicalizada y fruto de un paradigma médico bio-mecanicista que pretende controlar al mínimo detalle la evolución de la gestación desde la mirada del riesgo, con el fin de evitar potenciales patologías, desmembrando la experiencia vital de la mujer e incurriendo frecuentemente en situaciones que producen efectos nocebo, con las previsibles y demostradas consecuencias sobre el estado de bienestar psíquico de la futura madre. A menudo olvidamos que el embarazo, el parto y la lactancia son etapas vitales, fisiológicas, normales e implícitas a la naturaleza de la mujer, a su vida sexual y reproductiva.

En casos de mujeres con vivencias previas (o paralela) al embarazo especialmente graves o vulnerables (víctimas de abuso sexual, agresiones o violencia de género, partos traumáticos o episodios traumáticos previos, repetidas pérdidas gestacionales o perinatales, etc.), así como en el caso de mujeres con antecedentes clínicos o en riesgo de exclusión social se recomienda un seguimiento diferenciado, más específico, que requiere una buena comunicación y colaboración entre profesionales del nacimiento y psicólogas perinatales para poder brindar un seguimiento eficaz, llevar a cabo un diagnóstico certero para poder desarrollar un plan de intervención adecuado en cada situación y caso particular.

Lo ideal sería atender a una mujer embarazada, como a cualquier mujer (¿o no?), como una persona en su conjunto, en todas sus facetas y dimensiones! Sin embargo la medicalización extensiva de la maternidad ejerce cada vez más control sobre la mujer a través de la fragmentación de su experiencia corporal, ignorando su identidad global, olvidando los aspectos y recursos psicosociales y emocionales de su sexualidad y de la maternidad, banalizando las posibles consecuencias de sus prácticas en la vivencia anímica que influye en la salud de la mujer y perinatal, entorpeciendo la relación humana usuaria-profesionales y mujer-criatura. Este modus operandi termina por cegarnos e impedir –entre otras cosas- el crecimiento personal de las profesionales de la salud.

Las consecuencias pueden traducirse en acciones tóxicas, como la des-información, la difamación deliberada, la persecución de personas o colectivos en detrimento del bienestar, de la autonomía, de la libre elección, del empoderamiento de las mujeres a través de juegos de poder en los cuales los grupos/personas señalados tan solo fungen de chivos expiatorios para suprimir los rituales femeninos, su riqueza y su poder. Cuando entramos en la espiral del miedo y perdemos de vista los aspectos vocacionales y éticos implícitos a las profesiones sanitarias nos está ocurriendo algo triste y grave. El sistema está enfermando, la salud y la cordura de todas están en peligro!

¿Alguien genuinamente dispuesta a mirar para adentro, a emprender un camino de revisión, reparación, reconciliación y crecimiento desde el encuentro y el diálogo genuinos, compartiendo experiencias y conocimientos desde la integración, la inclusión y la colaboración con el fin de sanar heridas, superar las diferencias y poner el saber y la sabiduría al servicio de la tarea fundamental, la de cuidar la salud de la Mujer, de la Vida, de la Tierra?

(Para emprender este camino recomiendo solicitar asesoramiento a profesionales experimentadas de la psicología, de la psicoterapia o del coaching. Pero ¡atención! (modo irónico – ON) En estos ámbitos profesionales existe y prolifera un ferviente intrusismo!!! Si mi lucha fuera esta me temo que viviría bastante amargada, teniendo que renunciar a dedicarme a lo que me apasiona y que me mantiene viva: la “tarea fundamental”).

Gabriella Bianco – psicóloga, psicoterapeuta Gestalt y coach (colegiada B1227)

De hogueras mediáticas y demás disINquisiciones

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Han pasado más de 48 horas del envío de mi burofax al Dr. Máximo A. González Jurado solicitando formalmente las pertinentes disculpas y que se retiren todas las referencias a mi persona y actividad profesional del desafortunado informe titulado “Dossier de Prensa: la verdad sobre las doulas”, publicado el pasado lunes bajo el auspicio y autoría del Consejo General de Enfermería. En esta moderna versión de “cazas de brujas” disfrazada bajo el encabezado de “informe” (por cierto plagado de errores, de contenidos y datos imprecisos cuando no directamente falsos!) se están vulnerando no solamente mis derechos de autor y de imagen (al publicar sin permiso e impropiamente parte de una publicación, una foto y un “pantallazo” con nombre y logo de mi primera y caduca página web!), sino que se violan mi prestigio y honor profesional. Afortunadamente para todo ello hay remedio; errare humanum est y tenemos derecho a disculparnos y a rectificar! O a pagar las consecuencias previstas por la Ley.

Para lo primero me temo que ya es tarde, Señor González Jurado. No he recibido noticias suyas desde la entrega de mi comunicado. Mientras tanto el informe ha sido divulgado a “bombo y platillo”, ha circulado por todos los medios de comunicación y por las redes sociales. Me resultan inaceptables y mezquinas la difamación de categorías enteras de profesionales y las generalizaciones por medio de acusaciones ofensivas, carentes de datos y fuentes fiables, así como sus fines de naturaleza dudosa y tendenciosa. Sin embargo, más que la difamación a mi persona y profesionalidad me indigna el informe por representar una clara OFENSA a la inteligencia de la MUJER!

Las mujeres no somos, ni aspiramos a ser tan fácilmente manipulables como el informe que Ud. firma presupone, ni tan obedientes como se pretende desde la institución sanitaria patriarcal y androcéntrica que Ud. representa. ¿De verdad se está pensando y pretendiendo que las mujeres DEBAN concebir, gestar, parir, alimentar y criar según las normas establecidas por un colegio o una categoría profesional (que aún en el siglo XXI carece lamentablemente de un Colegio Profesional propio)? ¿Desde cuándo y dónde se ha visto que una persona -ciudadana de un país democrático- está obligada a seguir unas directrices determinadas en su vida íntima, en su sexualidad, su parto, su (auto)cuidado, su SALUD? Estoy segura que el mensaje subyacente al informe no quiere ser la perversa insinuación que las mujeres no somos lo suficientemente capaces, listas y libres de ir elaborando decisiones informadas y responsables acerca de nuestra salud, eligiendo medios y profesionales de nuestra preferencia para orientarnos según nos sintamos más cómodas y mejor atendidas. Hablo de derechos humanos fundamentales.

Es sabido que en todas las categorías hay profesionales más o menos honrados, así como existen personas honestas o deshonestas. También hay representantes del estamento médico tristemente involucrados en tramas de corrupción, como es notoriamente su caso. Es evidente que la ética y el rigor no son lo suyo Señor González Jurado, y también queda obvio que le salió “el tiro por la culata”, ya que en primer lugar el informe está perjudicando seriamente la imagen y la reputación de la institución que Ud. (aún) representa.

Así que, Señor González Jurado, desde aquí le ruego ya no solamente sus disculpas y la retirada del infame informe, sino directamente le ruego su dimisión. Sería quizás la muestra de la última pizca de ética y coherencia que podría salvarle la cara por algunos instantes de vida pública y mediática.

Ya poco importa saber por qué, para qué o cómo terminé en esta “hoguera mediática”.

No obstante informo que soy psicóloga licenciada por la Freie Universität de Berlín, homologada en España por el Ministerio de Educación y Ciencia, colegiada por el Colegio Oficial de Psicólogos de las Islas Baleares con nº 1227 y Psicóloga General Sanitaria según la Ley 33/2011 de 4 de octubre. Cotizo y pago mis impuestos como autónomo, siendo actualmente directora de un Centro Sanitario Polivalente, reconocido por la Consejería de Salud de las Islas Baleares (nº Reg. 3900). Investigo y me especializo en psicología perinatal en la última década, siendo una de las psicólogas pioneras en la práctica clínica y en la difusión de esta rama de la psicología en España. Desde el año 2000 soy docente para profesionales del ámbito sanitario y socio-educativo en España, Europa y América. Soy autora de diversas publicaciones en revistas especializadas y de divulgación. Soy madre y tengo una familia que me quiere y me apoya. He aprendido en esta vida de personas admirables y de profesionales que merecen todo mi respeto y gratitud; entre ellos se encuentran psicólog@s, matronas, doulas, médic@s, terapeutas, campesin@s, periodistas, artistas de la vida…

¿Piensa Ud. que aún puede quedarme tiempo para ejercer de doula? ¿Cree Ud. que pueda tener necesidad de ofrecer y cobrar servicios profesionales ajenos a mi profesión? Afortunadamente no, Señor González Jurado. Mi profesión me proporciona una enorme satisfacción y me permite una vida suficientemente digna. Ha sido un regalo y un privilegio enorme poder ser testigo del nacimiento de las criaturas de alguna amiga o mujer que me pidió estar a su lado en un momento tan único y especial. Nunca se me ocurrió cobrar por ello. Sencillamente porque no he estado trabajando, considerando que debería haberle quedado claro que atender partos no es mi profesión.

En resumidas cuentas, Señor González Jurado: con el informe, con las mujeres y conmigo se ha equivocado.

Haga el favor de retirarse.

Necesitamos hoy más que nunca seguir trabajando CONJUNTAMENTE para que las personas puedan descubrir, desarrollar y fortalecer recursos propios y auténticos para tomar decisiones informadas y responsables, actuando y viviendo desde la confianza los procesos de salud, sin ser relegadas a pacientes víctimas de luchas de poder originadas por el miedo y la ignorancia, tan perjudiciales para la salud, la buena convivencia, así como la calidad y calidez de las relaciones humanas.

Atentamente,

Gabriella Bianco

La guerra desde el sofá.

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No. Definitivamente la ultraderecha no me representa.
Tampoco me representa ningún tipo de nacionalismo.
Mis raíces, como suelo decir, se asemejan a las de una orquídea: están al aire o, según se mire y según el día, están en mí.
En mis venas corre sangre mixta y mi vida ha sido y sigue siendo enriquecida por mi permanencia en distintos países, en contacto con personas de origen y cultura diversos.
Cada mañana agradezco la riqueza recibida en la co-existencia y el estado de libertad que me confiere esta realidad mía.

No me gustan las guerras. Por si no hubiera quedado claro, remito a mi anterior post Ecos de guerra.
Se lo incómodo que es hablar de guerras, especialmente hablar de su impacto y consecuencias sobre la salud (mental) de sus supervivientes. A la gente no le suele gustar escuchar de trauma, de la miseria de los demás; se les hace pesado, suele cambiar de tema rápidamente y para ello todo vale, hasta el fútbol!
El último conflicto entre el Ejército de Israel y Hamás lleva ya más de un mes manchando la dignidad de dos pueblos que parecen estúpidamente condenados al odio y al terror.

Con este post deseo compartir mis dudas, mis reflexiones, mis sentimientos y unirlos a las voces críticas, tanto judías como árabes, que finalmente se levantaron en los últimos días. Las esperaba fervientemente y llegaron!
Llegaron desde la Diáspora y desde Israel para devolverme esperanza, humanidad, mi centro, tras tantas noches insomnes. Voces imprescindibles y valientes de mujeres y hombres que quieren la Paz y que espero consigan visibilizar este mensaje con el fin de que se oiga alto y claro. Me refiero a una paz que permita la co-existencia, así como el pluralismo y la riqueza cultural sobre los cuales la propaganda y los medios de comunicación de masa prefieren hacer sombra, para que lo complejo se torne sencillo, a la portada de cualquier persona que aún logre leer un twit, se encuentre donde se encuentre.

Desde el comienzo de la guerra no paro de leer noticias (desde luego prefiero las de periodistas independientes, tanto israelíes como palestinos, por ejemplo de la revista digital +972), columnas de expertos como el periodista Gideon Levy, quien explica sin pelos en la lengua la misión de Hamás y critica sin clemencia las acciones y la política actual del Gobierno Israelí, así como la periodista Amira Hass, quien se pregunta preocupada qué huellas psicológicas y que herencia moral dejarán tantos bombardeos y muertes a las próximas generaciones de israelíes y palestinos, a sabiendas de que Hamás surgió de la primera Intifada…

Desde el comienzo de la guerra no he tenido paz. No ha pasado un día en que haya dejado de intercambiar correos o llamadas telefónicas con amigas y colegas que intentan prestar ayuda humanitaria in situ, algunas de ellas en vano. Sus equipos de especialistas se ven amenazado por Hamás, quien ordena no intervenir para “dejar tiempo a que lleguen las ayudas internacionales de intervención en crisis” y, con ellas, su prensa…¿a quien importan realmente las vidas de los gravemente heridos? me pregunto. También quedo en contacto con aquellas amigas que simplemente están condenadas a vivir en uno de los dos lados del conflicto. Y estoy aterrada.

Se acaba el Mundial de futbol y otro “partido” atrapa de inmediato la mirada del mundo: Gaza le da al botón e Israel no deja esperar su dura y desmedida réplica. Los medios de comunicación se alistan para cubrir el derby más cruel y cruento que justo resuelve la papeleta en el medio del agujero del verano, cuando ya cualquier otra noticia pasa en segundo plano (incluyendo la guerra en Siria, el conflicto interno en Iraq, el desastre humanitario en Sudan, etc.).
La propaganda periodística de ambos lados no necesita rodaje, todo marcha sobre ruedas gracias a un dispositivo sobradamente ensayado, que garantiza audiencia, potenciado sin gastos adicionales, con impresionante rapidez gracias a las redes sociales, donde con un sencillo “like” y un “share”, desde cualquier sofá o tumbona de playa se encienden los “muros” y los ánimos de millones de espectadores en todo el planeta, a cualquier hora del día y de la noche.

Llevamos más de cuatro semanas. Mientras, el conflicto se torna más absurdo, violento, ciego, ignorando una vez más las consecuencias a corto, mediano y largo plazo sobre la locura, la ceguera y el profundo miedo que sigue impregnando las almas de las masas israelíes y palestinas. Las primeras víctimas son los niños, garantía de un futuro enfermo en ambas poblaciones. Este escenario desgarrador, a la vigilia de las vacaciones de verano en Europa, hace que me halle en un estado de alerta que ya conozco y que no me gusta nada. Me quedo paralizada y una vez más profundamente dolida frente a lo que se anuncia como otra absurda guerra entre Hamás y el Ejército de Israel.

Me quedo en shock frente a la pantalla del ordenador, leyendo lo que este conflicto está provocando en los teclados y en los ánimos de supuestos amigos que se lanzan a difundir sin ningún reparo las primeras fotos de cuerpos de niños ensangrentados, kalashnikovs dirigidos contra cuerpecitos de bebés indefensos, mujeres gritando y llorando sus muertos…olor a muerte que quiere traspasar la pantalla, quedándose manchadas de sangre las manos de quienes las comparten, posicionándose por uno de los dos bandos sin dudar más allá de un “click”.
Me llegan fotos de archivo, imágenes photoshopeadas, algunas hasta de otros conflictos (según informe de la BBC), comentadas sin pensar, sin siquiera comprobar las fuentes y su seriedad. En estos días se ha demostrado como el hecho de tener un (alto) grado de educación no garantiza la veracidad de la des-información lanzada al aire, ignorando las consecuencias de un acto tan insignificante como un miserable “clik”.

¿Cómo puede ser que personas que conozco y aprecio sean tan ingenuas?

Fue lo primero que pensé.

Pasados varios días me empecé a preguntar si la ingenua no sería yo.

Durante semanas pasé noches seguidas entre bofetadas de palabras y frases cargadas de odio, demostrando no solamente un profundo desconocimiento de la historia de Palestina/Israel, sino también del origen del Sionismo y su nefasta y mal interpretada transmutación en un nacionalismo israelí alimentado en las últimas décadas por una clase política que solamente encontrará su Sionismo en una tierra Palestina destruida. Como ya nos advertía Hanna Arendt, ilustre filósofa, historiadora y autora –judía, por cierto- antes de constituirse el Estado de Israel, “la tierra que vendría a existir sería algo muy distinto del sueño de los judíos del mundo, sionistas y no sionistas”.

Por otro lado no me sorprende tanto desconocimiento acerca de la historia y de la realidad de la zona afectada por esta guerra, ni la ignorancia acerca del sufrimiento de generaciones, de la maquinaria bélica, económica y periodística que mueve este maldito y eterno conflicto. ¿Por qué deberíamos conocer a fondo una realidad que no nos toca en el día a día? En efecto, no es nada sencillo comprender tantas facetas que se entremezclan en la historia de los dos pueblos, hebreo y árabe (por si alguien tenía dudas, los Palestinos no son una “étnia” ni un pueblo, sino árabes musulmanes. Palestina nunca existió como Estado. ”Palestino” se denominaba aquel judío y/o árabe que vivía en la tierra denominada Palestina antes de la constitución del Estado de Israel. Más acerca de ello por el periodista y autor Joseph Farah, de origen árabe, por cierto).
En cuanto a la historia he de decir que en el último mes he visto circular acerca de una docena de versiones diferentes acerca del origen del Estado de Israel (llego a la conclusión que esto debe ser como la historia de América: depende de quien la escribe y para quien se escribe, los matices pueden ser tan dispares como descubrir que Cristóbal Colón una vez es italiano, otra es español, otra portugués o hasta mallorquín!).

¿Cómo puede ser que personas cultas y viajadas puedan emplear como sinónimos y de forma indiscriminada los términos israelíes, judíos, hebreos, sionistas, israelitas, mezclando (ultra)ortodoxos con judíos seculares, judíos de la Diáspora y ponerlos todos en el mismo bote, adjudicándoles la voz y el mandato del Gobierno de Israel?

¿Cómo puede ser que tantas bellas personas con quienes pensaba compartir ideales de paz, de amor, respeto y solidaridad no están teniendo ningún reparo en propagar el odio desde una cyberviolencia ciega a partir del minuto 0 de esta guerra absurda, injusta, cruel y devastadora?

¿Cómo puede ser posible que colegas psicólogos y psicoterapeutas que hablan de humanismo, actitud terapéutica y com-pasión, quienes se nutrieron de las enseñanzas de Sigmund Freud, Erich Fromm, Wilhelm Reich, Abraham Maslow, Fritz y Laura Perls, Paul Goodman, Viktor Frankl (para citar algunos, ya que la lista se haría demasiado larga) disparen palabras cargadas de odio, instigando al odio hacia el pueblo de sus Maestros sin ningún pudor y sin lograr diferenciar entre cultura judía y Gobierno de Israel?

Wafa Sultan, psicóloga feminista de origen libanés, en cambio, honra el pueblo de los muchos libros con sus lúcidas exposiciones en contra de cualquier fundamentalismo patriarcal (más explícita a partir del minuto 2:47)

Se cayeron muchas máscaras en estas semanas, destapando irremediablemente un viejo y rancio antisemitismo cargado de prejuicios, que parece justificarse tan fácilmente con la barbarie difundida por los medios de comunicación.
Y yo honestamente me pregunto: ¿dónde habrán conocido estos ‘amigos míos’ a tantos judíos como para llegar a juzgarles tan duramente y meterles a todos “en el mismo saco”? Y muy especialmente aquí, en el Estado Español, donde la cultura y la vida judía terminaron en las hogueras junto a las brujas hace ya tantos siglos?
El odio gratuitamente sembrado a través de lanzamiento de mísiles reales y virtuales desemboca en violencia, en la escalada de ataques racistas y antisemitas sufridos en los últimos tiempos en Europa (incluyendo España), donde es tiempo de nuevos éxodos.

Considero extremadamente complicado y peligroso tomar partido en cualquier conflicto bélico y más en este en particular. Creo urgente repensar si posicionarse o no de uno de los dos bandos tal y como nos argumenta de forma magistral el físico, músico y escritor de origen pakistaní Ali Rizvi en su esclarecedor artículo publicado en The Huffnigton Post (aquí en castellano)

¡Qué complejo es todo esto y cuanto dolor y sufrimiento está causando!
Sigo sin comprender como noticias relativas a otras guerras y a la violación sistemática de los Derechos Humanos en muchos países del mundo no duran sino uno o dos días en las noticias. La opinión pública en occidente no pierde más de cinco minutos debatiendo acerca del terrible conflicto que no deja tregua a la población en Siria (con más de 5.340 muertos en este mes de julio, de los cuales 225 niños!), los combates entre yihadistas sirios y el ejercito de Líbano en los días pasados, la guerra interna en Iraq, la masacre en Sudan o la situación de abandono que sufre en silencio el pueblo Saharauideseando su independencia desde hace más de cuatro décadas, asunto político que España sigue teniendo abierto y pendiente y del que en España se prefiere no escribir, no hablar, no intervenir, no demostrar…Nadie se considera “experto” en todo lo anterior como para opinar libre y alegremente. Sin embargo queda un misterio para mí como un solo disparo en Israel, en Gaza o Cisjordania merece no solamente toda nuestras miradas y condena (lo cual me parece perfectamente legítimo!), sino que nos ocupa durante semanas en debates frívolos, en los cuales cualquiera se siente perfectamente a la altura de opinar, juzgar, deliberar como si de profundos conocedores de la materia se tratara!?!

¿Este era el precio a pagar para tener un Estado judío Señor Netanyahu?

Haberlo sabido…haber intuido que este Estado cobraría tantas vidas, derramaría tanta sangre propia y ajena, alimentaría el odio y el miedo hacia el vecino y su descendencia, destruiría la continua inquietud y el crecimiento cultural de un pueblo que ha dado tanto a la humanidad sin necesidad de tener un Estado propio!
El mundo allí fuera sigue opinando, desde el sofá o la tumbona en la orilla del mar, mientras levantamos cada día de forma más contundente un NO a la política de ultraderecha de un Israel ya discreditado hasta en los ojos de quienes siempre hemos deseado una convivencia pacífica en esta franja de tierra que hasta hace poco menos de un siglo era un desierto árido, en el que árabes y judíos conocieron la convivencia desde el respeto mutuo.

Escribo estas palabras tras un largo sueño reparador: “el Gobierno de Israel no me representa”, sumando mi sentir a las voces valientes desde la Diáspora y desde Israel, conscientes de la exposición al eterno prejuicio ignorante, peligroso y ciego ante las diferencias y el pluralismo implícitos al pueblo judío. Un prejuicio disfrazado de empatía hacia la población gazís, por una causa política que decidió casarse con aquellos palestinos de los que a nadie importa realmente hasta que lancen un misil o una bomba humana hacia Israel, convocando así la opinión pública a un posicionamiento que nada le aporta a su gente, atrapada en la parálisis y en la pobreza eterna, rehén de un Hamás igualmente indiferente a la suerte del pueblo que supuestamente representa, tal y como reconoce Yousef Mosab Hassan, valiente ex militante de Hamás, en una reciente entrevista desde el exilio. Su historia y su suerte como hijo del fundador de Hamás, el jeque Hassan, se encuentra descrita en su biografía “The Son of Hamás”.

Y mientras siguen muriendo inocentes en Gaza y en Israel, en la web y en las calles europeas se pasean a la luz del sol el odio junto a la ignorancia, el Gobierno de Israel logra enfermar en pocas generaciones en su espíritu, empobreciendo y desprestigiando un pueblo comprometido con su crecimiento cultural, espiritual, intelectual, artístico, anclado en un sentido de responsabilidad y compromiso con la paz y la buena convivencia en el respeto de las diferencias.

Me duele Gaza. Y me duele Israel. Y me duele mi existencia.

Esta enésima guerra tiene dos bandos, fuera y dentro del campo de batalla real.
Y los bandos no se representan por israelíes y palestinos, sino por extremistas y moderados. Así lo expresa la cantante Noa. Solidarizo con su tristeza, frustración, decepción y miedos, tal y como nos los transmite en su conmovedora carta abierta al mundo, publicada en su blog personal y que recomiendo encarecidamente leer. Mujer de arte, diálogo, respeto y paz, a cuya esperanza también uno la mía cuando canta, junto a la cantante árabe Mira Awad

‘Cuando lloro, lloro por los dos,
Mi dolor no tiene nombre.
Cuando lloro, lloro al despiadado cielo y digo: Tiene que haber otra manera…’

Y a mi, como a Noa y a millones de judíos en el mundo, los extremistas no me representan, ni dentro ni fuera de Israel, tal y como manifiesta alto y claro el poeta argentino Alberto Szpunberg refiriéndose a la ultraderecha neoliberal que gobierna hoy el Estado de Israel.

Bibi: No en mi nombre.

Y tu…amiga, amigo: si no conoces, no juzgues, por favor. Tus hijas y tus hijos, nuestros hijos, también te lo agradecerán.

Gabriella Bianco