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Un buen día para estrenar este espacio (Día Internacional de la Matrona) y un motivo suficientemente importante y urgente como para empujarme a escribir: la violencia obstétrica.

Imagen por cortesía de Jesusa Ricoy – La Revolución de las Rosas.

Ha llegado a España un nuevo programa televisivo importado de algún país aparentemente más “avanzado”. El título, Baby Boom es toda una “promesa”. Decidí hace unos días NO regalar mi audiencia a un programa que pretende que el auditorio encuentre placer mirando en la pantalla como algunas mujeres se someten (y son sometidas) a sus partos hospitalarios. Mis cicatrices no me lo agradecerían. Además tengo que confesar que hace años que no enciendo un televisor y, para motivarme a hacerlo, necesitaría un muy buen aliciente! Y este no es precisamente el caso.

Tras haber leído varios comentarios y artículos redactados durante esta última semana tras la emisión del primer capítulo del programa Baby Boom, he llegado a la conclusión de que mi “voyeuse interna” no tiene necesidad alguna de deleitarse mirando en directo el maltrato institucional(izado) ejercido por mano de profesionales sanitarios sobre mujeres parturientas y sus bebés, cuando a la vez se banalizan y se ignoran las bien conocidas consecuencias que la violencia tiene sobre la salud presente y futura de las personas victimizadas. La violencia obstétrica es legal en España y parte de la rutina cotidiana en muchos hospitales; sus secuelas quedan a menudo marcadas a fuego en los cuerpos, la psique y la vida emocional de demasiadas mujeres y madres, así como de sus hij@s. Y, en ocasiones, también de los papás, llegando a repercutir sobre la salud familiar.

Foto: Nadav Voloj Soffer, 2011.

Como mujer y como madre he sufrido esta forma de  violencia en mis carnes. El camino de transformación ha sido todo menos fácil; los fantasmas y las trampas han estado presente en cada esquina durante un buen tramo de todo el proceso hacia la recuperación de mi dignidad, el amor y respeto hacia mi misma.

Como profesional de la psicología puedo afirmar que no ha pasado un día en esta última década que no me haya visto enfrentada mínimo una vez al día con mujeres que sufren a causa de su maternidad, un aspecto en la vida de la mujer que precisamente debería representar todo lo contrario al sufrimiento: la maternidad es salud, fuerza, superación, transformación, creatividad, nutrición, recursos, intensidad, crecimiento, crisis, cambio, plenitud… Precisamente por todo esto me preguntaba en los días pasados si el programa Baby Boom podría aportarme una nueva mirada, o si yo misma me estaba exigiendo mirarlo antes de permitirme participar del debate en la red.

Finalmente decidí que la acción de buscar el control remoto de mi tele, quitarle el polvo, enfadarme con cables y enchufes además de ponerme una alarma para acordarme de mirar el programa…hubiera sido un acto de masoquismo gratuito.

Sin embargo no puedo dejar de leer ni de pensar y justo leyendo algunas interesantes aportaciones sobre el programa de esta noche por parte de admiradas blogueras recibo la llamada de una compañera de activismo, indignada por lo que acababa de presenciar frente a su televisor.

Al escucharla, lo primero que pensé fue “la violencia obstétrica está grabada”. Todo está grabado: imágenes, diálogos entre profesionales y futuras madres y padres, gritos, sufrimiento, malas prácticas clínicas, comentarios despectivos y amenazas, así como disquisiciones irrespetuosos entre profesionales respecto a las parturientas. No es nada nuevo lo que mi amiga me cuenta, ni tampoco lo que leo…me entristece profundamente no sorprenderme en absoluto de la falta de respeto, del desprecio verbal, del maltrato a la mujer, su cuerpo, sus genitales, su dignidad y del maltrato al ser humano que viene al mundo, a su nacimiento, su propia transición a la vida fuera del útero. Escribo todo esto porque hoy siento tristeza por no sorprenderme frente a este atentado a los derechos humanos fundamentales y porque me invaden a la vez la indignación y la necesidad de declararme testigo (in)directo del daño causado a la mujer-madre y sus bebés…
Decido no seguir hablando en voz baja y asumo las consecuencias de mi decisión. Ahora me resultan aún más ajenas las apreciaciones que he recibido en estos años al hablar de “maltrato obstétrico institucionalizado”: ‘exagerada’ o ‘drástica’ han sido calificativos que he ido cosechando en abundancia, también por parte de mujeres, profesionales de la salud y/o personas que aprecio profundamente. Puedo comprender que, queriendo ignorar la evidencia (científica y del sentido común!) acerca de la importancia del vínculo/bonding para la salud y la calidad de las futuras relaciones entre los seres humanos, mi insistencia con el tema pueda haberle parecido a algun@s un tanto “desmedida”.

Escribo para no cerrar los ojos, para no quitar mi mirada, para no correr el riesgo de insensibilizarme o resignarme en el silencio, por no hacerme cómplice de unas políticas sanitarias que no solo perpetúan la enfermedad, sino que crean cada vez más patología y sufrimiento, especialmente alrededor de la salud y sexualidad femeninas. Me siento ahora a escribir para reafirmar que solamente asumiendo la responsabilidad de mi testimonio puedo seguir sintiéndome digna de ser la madre que mi hijo eligió.

Me pasaron la noticia que, en el capítulo de Baby Boom de esta noche una profesional en paritorio recriminó a una joven madre que acababa de dar a luz a su bebé “Tu niña se podía haber muerto. No has colaborado en nada. Hemos tenido que venir nosotras a sacarla”. Me sobra conocer el tono de estas tres frases…para ser sincera me da realmente igual el tono que ha sido empleado para pronunciarlas, porque no consigo imaginar ningún tono ni situación que justifique emitir este mensaje a una mujer de 19 años quien perdió a su primer bebé pocos días tras nacer y quien acaba de dar a luz a su segundo bebé.
Lo siento, por mucho que me esfuerce, no puedo entender esta actitud sino como VIOLENCIA.

Me temo cada día más que ni todo nuestro conocimiento, ni la ciencia, ni las maravillosas recomendaciones de buenas prácticas clínicas, ni la Estrategia de Atención al Parto Normal, ni la OMS, ni la Ley Balear de Salud nos servirán para cambiar…actitudes.

¿Como acabar con esta violencia? Ojalà tuviera la respuesta…no señoras, no la tengo…Mientras, sigo buscando, con Amor. Y uno mi voz a la de tantas mujeres y madres heridas de este país y del mundo entero, quienes siguen erguidas y bellas en el camino, luciendo sus cicatrices de maternidad.

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