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Esta mañana del 25 de noviembre me despierto con la sensación de no haber dormido. Los últimos días y horas han sido muy intensos, un molinillo de emociones, recuerdos, pensamientos en los que sigo estando, dejándome llevar…

¿Como es posible que antes de ayer todavía acaricié su cara, la besé, le conté “las cositas que pasaban allí fuera” y ayer ya se fue? Antes de ayer me despedí de una mujer maravillosa, dulce madre de dos niños pequeños, amiga y matrona aliada de las mujeres. Y, pocas horas después, fue ella quien se despidió de todos nosotros.

Dejó la vida en su casa, mi querida Rosa, amorosamente acompañada y cuidada por los suyos, respetada en todo momento en su voluntad. Así como quiso dar a luz: en la intimidad de su casa, queriendo parir con respeto y con amor. Su objetivo profesional y su vocación estaban clarísimos: quería dedicarse a acompañar a todas aquellas mujeres que quisieran para sus bebés un nacimiento digno, amoroso e íntimo. Sin violencia. 

Si. Sin violencia. Sin maltrato hacia la parturienta y su criatura: sin intervenciones innecesarias que pudieran perjudicar el proceso fisiológico de un nacimiento y la vivencia de la madre en su parto, sin vejaciones, ni paternalismos, ni -por supuesto- malas palabras ni “sutiles manipulaciones”. En esto nos entendíamos con solo mirarnos a los ojos. Ambas sabíamos que la violencia obstétrica existeY el día de hoy era el día que esperábamos para romper el silencio, para visibilizarla y denunciarla, también en nuestra pequeña isla.

Hoy es el Día Internacional en Contra de la Violencia en Contra de la Mujer. En la Declaración de la ONU sobre la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, aprobada en asamblea el 20 de diciembre de 1993, se define la Violencia de Género o Violencia Contra las Mujeres como:

Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para las mujeres, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública o privada

Esta definición lleva implícita la violencia obstétrica, el mal-trato obstétrico institucionalizado (e invisibilizado) hacia la mujer gestante, la parturienta y/o la recién-madre.

A lo largo de todo el día de ayer me debatí en si anular la conferencia de hoy, prometida hace un año a las compañeras de la Associació Naixença, quienes la organizaron con cariño y la difundieron con gran entusiasmo. Se que mi Rosa hubiera participado, si la vida y su salud se lo hubieran permitido. Conocí a Rosa Jiménez el año pasado, en ocasión de una charla sobre “Consecuencias psicológicas del parto traumático” que tuve ocasión de impartir en el pueblo donde ella trabajaba como matrona. En este escrito hablo justamente de ella cuando me refiero a “la matrona”!

Su última sonrisa y su determinación me devolvieron la confianza e hicieron que, a última hora de ayer decidí NO anular el evento de hoy. Mi título: “Violencias Invisibles: cuando vaginas y úteros rompen el silencio”. Llegó el momento de hacerme canal vacío para transmitir la voz y las vivencias de tantas y tantas mujeres que pasaron en estos años por la consulta de psicología, mujeres que viven sus maternidades llevando heridas o cicatrices grabadas en su piel, en sus almas, en sus recuerdos, en sus silencios.

Finalmente mi humilde conferencia de hoy fue familiar, cálida, sencilla…llegué al local cedido generosamente por la Ecoxarxa directamente del Tanatorio. Siento aún en mi piel los abrazos amorosos de las compañeras de Naixença al recibirme. Me recogí, encendí una velita rosa, con olor a rosa, recordando las mujeres del movimiento de la Revolución de las Rosas y, muy especialmente, dedicando este encuentro a nuestra rosa: Rosa Jiménez.

Ha sido un momento de reunión muy emotivo, en el que se produjo un rico intercambio de experiencias y reflexiones fructíferas. Hoy no aparecieron aquellas o aquellos que se indignan cuando reclamamos que se reconozca la violencia obstétrica como otra forma de violencia de género. Hoy no vinieron los “detractores“, sino muchas personas queridas y nuevos rostros sensibles e interesados. Hasta tuvimos el honor de disfrutar de la presencia de Marcel Bösch, quien nos enriqueció con su punto de vista fresco e interesante y, a la vez, llevó nuestras reflexiones al lejano Peru…

Gracias a todas y todos por acompañarme en este día. Gracias Rosa por tu confianza. Esta quedará “tu canción” en los corazones de muchas mujeres que te quisieron, te admiraron y te siguen llevando en sus corazones. Y desde aquí te la canto esta noche, con los ojos que me duelen y la voz fina, mirando el cielo. Buscándote.

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