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Africa, my dream.

Africa, my dream. (Photo credit: MadalenaPestana)

Hace tiempo que tengo la sospecha de que, desde que en occidente descubrimos una tecnología cada vez más sofisticada para controlar la vida sexual y reproductiva de la féminas humanas, nuestra generosidad supera más fácilmente cualquier frontera.

Y es así que a África llegan desde Europa los viejos “potros” o mesas de parto, los antiguos monitores y los ecografos obsoletos, desechos tecnológicos de nuestros modernos hospitales.

Gracias a nuestro altruismo (¿desinteresado?) también en África se está llegando a establecer una atención obstétrica patologizante, aunque siempre “con las mejores intenciones”.

imagen de worldatlas.com

imagen de worldatlas.com

Hoy recibí este escalofriante testimonio de un pediatra cooperante temporal en Chad, que pone en evidencia las dramáticas circunstancias que pueden rodear el nacimiento de un ser humano en uno de los países considerado entre los más pobres del mundo.

El vídeo enlazado al artículo no precisa de más comentarios. No quiero ni pensar como estarán esta mujer y su bebé después de tanta violencia y maltrato vividos a la hora del parto/nacimiento. A la vez el artículo ilustra como no solamente exportamos a África maquinaria obsoleta, sino también una práctica obstétrica caduca y no exente de riesgos, como demuestran la posición en litotomía y la Maniovra de Kristeller aplicada brutalmente a la mujer, quien está intentando dar a luz a su bebé según criterios, tiempos y ritmos pre-establecidos por el hombre blanco.

La mujer, también en África, se convierte una vez más en víctima de la violencia institucional(izada)…Ya no solamente por las condiciones socio-político-económicas, por las consecuencias implícitas a los conflictos bélicos y a los displazamientos forzosos, sino también a la hora de dar a luz a sus hij@s, como nunca antes había ocurrido. Naturalmente se trata de actos justificados por las “buenas intenciones” de quienes tienen la pretensión de “salvar vidas”.Todo ello en nombre de la medicina. Y del desarrollo. Al fin y al cabo, las técnicas empleadas en el parto aquí grabado (me pregunto si con consentimiento de la parturienta) tienen su origen en la práctica obstétrica “del primer mundo”, exportada al “tercer mundo” por benévolos expertos y voluntarios más o menos ingenuamente bienintencionados. 

De la web www.elpartoesnuestro.es - Logo de la campaña StopKristeller

De la web http://www.elpartoesnuestro.es – Logo de la campaña StopKristeller

Una práctica obstétrica que se justifica en frases como “la mujer primeriza estaba cansada de empujar” – como afirma el autor del artículo. Me es imposible valorar si ello fue así, pero me pregunto naturalmente si a esta mujer le hubiera resultado igual de arduo dar a luz aprovechando la verticalidad, en un ambiente familiar y cuidado, como siguen pariendo desde miles de años la gran mayoría de las mujeres en África y otros lugares “poco contaminados por la medicina occidental”.

Todo lo que se puede apreciar en el vídeo pone gravemente en peligro la salud (no solo) sexual y reproductiva (presente y futura) de la mujer y la salud bio-psico-social de su criatura.

Y ya no por parir en condiciones de higiene precarias (que también) o sin asistencia o en las cabañas destinadas al parto en algunas aldeas africanas, sino que bajo un techo precario y a la merced de quienes “asisten” sin respetar las recomendaciones de la OMS para el parto, ni la fisiología del parto/nacimiento, o la sabiduría ancestral de la mujer al parir y –quisiera agregar- los derechos humanos fundamentales: el derecho a un nacimiento sin violencia para la criatura y el respeto y buen trato para la mujer y su salud.

Me pregunto si alguien habrá pensado en el dolor acusado por la mujer a raíz de tanto mal-trato, si alguien habrá pensado en que condiciones quedarían su periné, su vagina, su bebé, su salud mental tras tanta violencia…si alguien querrá aún seguir al lado de una mujer quien, con gran probabilidad, orinará y defecará involuntariamente durante el resto de sus días…

O si esta mujer quedará marcada para toda la vida, excluida por la sociedad a causa del mal olor que la acompaña y que la convierte en una especie de “maldecida”, incapaz de dar hijos sanos a su pueblo…

Las fistulas que se producen entre vagina y vejiga o entre vagina y ano también pueden ser consecuencia de graves desgarros perineales causados por este tipo de partos.

Se trata de un problema de salud demasiado frecuente y silenciado en África, sea por la joven edad de las parturientas, sea por las consecuencias de partos instrumentados, tal y como alerta la White Ribbon Alliance for Safe Motherhood.

¿Y que ocurriría con el bebé del vídeo de Chad tras nacer? ¿Lo dejarían con su madre? ¿Seguirían la buena praxis basada en la evidencia científica y -por su bien- lo mantendrían en contacto piel con piel con su madre para poder recibir su amor y la leche de su pecho? ¿O la madre lo abandonaría o lo daría en adopción? ¿Tendría el bebé lesiones cerebrales? ¿Llegaría a Europa y sus padres adoptivos le abandonarían o reclamarían por no haber recibido el niño sano tan esperado y deseado? ¿O se harían cargo con mucho amor y dedicación de su existencia a lo largo de toda su vida?

El precio de estas y más prácticas obstétricas innecesarias, así como la frecuente yatrogenia generada por la falta de conocimiento profundo de la fisiología, la falta de confianza y respeto en la misma, el escaso ejercicio mental, ojo clínico y criterio diagnóstico (cada vez menos necesarios, mientra nos fiemos a ciegas de las máquinas) lo pagan -aquí en Europa, como en África- las mujeres: con sus cuerpos y con sus almas. A veces con sus vidas o las de sus crías.

Por ello es tan urgente seguir (in)formando(se) acerca de nuestros derechos y los de nuestros bebés a la hora de parir/nacer!

La última campaña lanzada por la Asociación El Parto Es Nuestro: “Stop Kristeller” pone en evidencia los motivos por los cuales esta maniobra obstétrica está desaconsejada o prohibida en algunos países europeos a causa del perjuicio que conlleva para la salud de la madre y del recién nacido. Aquí en España, en África y en el mundo entero.

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