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No. Definitivamente la ultraderecha no me representa.
Tampoco me representa ningún tipo de nacionalismo.
Mis raíces, como suelo decir, se asemejan a las de una orquídea: están al aire o, según se mire y según el día, están en mí.
En mis venas corre sangre mixta y mi vida ha sido y sigue siendo enriquecida por mi permanencia en distintos países, en contacto con personas de origen y cultura diversos.
Cada mañana agradezco la riqueza recibida en la co-existencia y el estado de libertad que me confiere esta realidad mía.

No me gustan las guerras. Por si no hubiera quedado claro, remito a mi anterior post Ecos de guerra.
Se lo incómodo que es hablar de guerras, especialmente hablar de su impacto y consecuencias sobre la salud (mental) de sus supervivientes. A la gente no le suele gustar escuchar de trauma, de la miseria de los demás; se les hace pesado, suele cambiar de tema rápidamente y para ello todo vale, hasta el fútbol!
El último conflicto entre el Ejército de Israel y Hamás lleva ya más de un mes manchando la dignidad de dos pueblos que parecen estúpidamente condenados al odio y al terror.

Con este post deseo compartir mis dudas, mis reflexiones, mis sentimientos y unirlos a las voces críticas, tanto judías como árabes, que finalmente se levantaron en los últimos días. Las esperaba fervientemente y llegaron!
Llegaron desde la Diáspora y desde Israel para devolverme esperanza, humanidad, mi centro, tras tantas noches insomnes. Voces imprescindibles y valientes de mujeres y hombres que quieren la Paz y que espero consigan visibilizar este mensaje con el fin de que se oiga alto y claro. Me refiero a una paz que permita la co-existencia, así como el pluralismo y la riqueza cultural sobre los cuales la propaganda y los medios de comunicación de masa prefieren hacer sombra, para que lo complejo se torne sencillo, a la portada de cualquier persona que aún logre leer un twit, se encuentre donde se encuentre.

Desde el comienzo de la guerra no paro de leer noticias (desde luego prefiero las de periodistas independientes, tanto israelíes como palestinos, por ejemplo de la revista digital +972), columnas de expertos como el periodista Gideon Levy, quien explica sin pelos en la lengua la misión de Hamás y critica sin clemencia las acciones y la política actual del Gobierno Israelí, así como la periodista Amira Hass, quien se pregunta preocupada qué huellas psicológicas y que herencia moral dejarán tantos bombardeos y muertes a las próximas generaciones de israelíes y palestinos, a sabiendas de que Hamás surgió de la primera Intifada…

Desde el comienzo de la guerra no he tenido paz. No ha pasado un día en que haya dejado de intercambiar correos o llamadas telefónicas con amigas y colegas que intentan prestar ayuda humanitaria in situ, algunas de ellas en vano. Sus equipos de especialistas se ven amenazado por Hamás, quien ordena no intervenir para “dejar tiempo a que lleguen las ayudas internacionales de intervención en crisis” y, con ellas, su prensa…¿a quien importan realmente las vidas de los gravemente heridos? me pregunto. También quedo en contacto con aquellas amigas que simplemente están condenadas a vivir en uno de los dos lados del conflicto. Y estoy aterrada.

Se acaba el Mundial de futbol y otro “partido” atrapa de inmediato la mirada del mundo: Gaza le da al botón e Israel no deja esperar su dura y desmedida réplica. Los medios de comunicación se alistan para cubrir el derby más cruel y cruento que justo resuelve la papeleta en el medio del agujero del verano, cuando ya cualquier otra noticia pasa en segundo plano (incluyendo la guerra en Siria, el conflicto interno en Iraq, el desastre humanitario en Sudan, etc.).
La propaganda periodística de ambos lados no necesita rodaje, todo marcha sobre ruedas gracias a un dispositivo sobradamente ensayado, que garantiza audiencia, potenciado sin gastos adicionales, con impresionante rapidez gracias a las redes sociales, donde con un sencillo “like” y un “share”, desde cualquier sofá o tumbona de playa se encienden los “muros” y los ánimos de millones de espectadores en todo el planeta, a cualquier hora del día y de la noche.

Llevamos más de cuatro semanas. Mientras, el conflicto se torna más absurdo, violento, ciego, ignorando una vez más las consecuencias a corto, mediano y largo plazo sobre la locura, la ceguera y el profundo miedo que sigue impregnando las almas de las masas israelíes y palestinas. Las primeras víctimas son los niños, garantía de un futuro enfermo en ambas poblaciones. Este escenario desgarrador, a la vigilia de las vacaciones de verano en Europa, hace que me halle en un estado de alerta que ya conozco y que no me gusta nada. Me quedo paralizada y una vez más profundamente dolida frente a lo que se anuncia como otra absurda guerra entre Hamás y el Ejército de Israel.

Me quedo en shock frente a la pantalla del ordenador, leyendo lo que este conflicto está provocando en los teclados y en los ánimos de supuestos amigos que se lanzan a difundir sin ningún reparo las primeras fotos de cuerpos de niños ensangrentados, kalashnikovs dirigidos contra cuerpecitos de bebés indefensos, mujeres gritando y llorando sus muertos…olor a muerte que quiere traspasar la pantalla, quedándose manchadas de sangre las manos de quienes las comparten, posicionándose por uno de los dos bandos sin dudar más allá de un “click”.
Me llegan fotos de archivo, imágenes photoshopeadas, algunas hasta de otros conflictos (según informe de la BBC), comentadas sin pensar, sin siquiera comprobar las fuentes y su seriedad. En estos días se ha demostrado como el hecho de tener un (alto) grado de educación no garantiza la veracidad de la des-información lanzada al aire, ignorando las consecuencias de un acto tan insignificante como un miserable “clik”.

¿Cómo puede ser que personas que conozco y aprecio sean tan ingenuas?

Fue lo primero que pensé.

Pasados varios días me empecé a preguntar si la ingenua no sería yo.

Durante semanas pasé noches seguidas entre bofetadas de palabras y frases cargadas de odio, demostrando no solamente un profundo desconocimiento de la historia de Palestina/Israel, sino también del origen del Sionismo y su nefasta y mal interpretada transmutación en un nacionalismo israelí alimentado en las últimas décadas por una clase política que solamente encontrará su Sionismo en una tierra Palestina destruida. Como ya nos advertía Hanna Arendt, ilustre filósofa, historiadora y autora –judía, por cierto- antes de constituirse el Estado de Israel, “la tierra que vendría a existir sería algo muy distinto del sueño de los judíos del mundo, sionistas y no sionistas”.

Por otro lado no me sorprende tanto desconocimiento acerca de la historia y de la realidad de la zona afectada por esta guerra, ni la ignorancia acerca del sufrimiento de generaciones, de la maquinaria bélica, económica y periodística que mueve este maldito y eterno conflicto. ¿Por qué deberíamos conocer a fondo una realidad que no nos toca en el día a día? En efecto, no es nada sencillo comprender tantas facetas que se entremezclan en la historia de los dos pueblos, hebreo y árabe (por si alguien tenía dudas, los Palestinos no son una “étnia” ni un pueblo, sino árabes musulmanes. Palestina nunca existió como Estado. ”Palestino” se denominaba aquel judío y/o árabe que vivía en la tierra denominada Palestina antes de la constitución del Estado de Israel. Más acerca de ello por el periodista y autor Joseph Farah, de origen árabe, por cierto).
En cuanto a la historia he de decir que en el último mes he visto circular acerca de una docena de versiones diferentes acerca del origen del Estado de Israel (llego a la conclusión que esto debe ser como la historia de América: depende de quien la escribe y para quien se escribe, los matices pueden ser tan dispares como descubrir que Cristóbal Colón una vez es italiano, otra es español, otra portugués o hasta mallorquín!).

¿Cómo puede ser que personas cultas y viajadas puedan emplear como sinónimos y de forma indiscriminada los términos israelíes, judíos, hebreos, sionistas, israelitas, mezclando (ultra)ortodoxos con judíos seculares, judíos de la Diáspora y ponerlos todos en el mismo bote, adjudicándoles la voz y el mandato del Gobierno de Israel?

¿Cómo puede ser que tantas bellas personas con quienes pensaba compartir ideales de paz, de amor, respeto y solidaridad no están teniendo ningún reparo en propagar el odio desde una cyberviolencia ciega a partir del minuto 0 de esta guerra absurda, injusta, cruel y devastadora?

¿Cómo puede ser posible que colegas psicólogos y psicoterapeutas que hablan de humanismo, actitud terapéutica y com-pasión, quienes se nutrieron de las enseñanzas de Sigmund Freud, Erich Fromm, Wilhelm Reich, Abraham Maslow, Fritz y Laura Perls, Paul Goodman, Viktor Frankl (para citar algunos, ya que la lista se haría demasiado larga) disparen palabras cargadas de odio, instigando al odio hacia el pueblo de sus Maestros sin ningún pudor y sin lograr diferenciar entre cultura judía y Gobierno de Israel?

Wafa Sultan, psicóloga feminista de origen libanés, en cambio, honra el pueblo de los muchos libros con sus lúcidas exposiciones en contra de cualquier fundamentalismo patriarcal (más explícita a partir del minuto 2:47)

Se cayeron muchas máscaras en estas semanas, destapando irremediablemente un viejo y rancio antisemitismo cargado de prejuicios, que parece justificarse tan fácilmente con la barbarie difundida por los medios de comunicación.
Y yo honestamente me pregunto: ¿dónde habrán conocido estos ‘amigos míos’ a tantos judíos como para llegar a juzgarles tan duramente y meterles a todos “en el mismo saco”? Y muy especialmente aquí, en el Estado Español, donde la cultura y la vida judía terminaron en las hogueras junto a las brujas hace ya tantos siglos?
El odio gratuitamente sembrado a través de lanzamiento de mísiles reales y virtuales desemboca en violencia, en la escalada de ataques racistas y antisemitas sufridos en los últimos tiempos en Europa (incluyendo España), donde es tiempo de nuevos éxodos.

Considero extremadamente complicado y peligroso tomar partido en cualquier conflicto bélico y más en este en particular. Creo urgente repensar si posicionarse o no de uno de los dos bandos tal y como nos argumenta de forma magistral el físico, músico y escritor de origen pakistaní Ali Rizvi en su esclarecedor artículo publicado en The Huffnigton Post (aquí en castellano)

¡Qué complejo es todo esto y cuanto dolor y sufrimiento está causando!
Sigo sin comprender como noticias relativas a otras guerras y a la violación sistemática de los Derechos Humanos en muchos países del mundo no duran sino uno o dos días en las noticias. La opinión pública en occidente no pierde más de cinco minutos debatiendo acerca del terrible conflicto que no deja tregua a la población en Siria (con más de 5.340 muertos en este mes de julio, de los cuales 225 niños!), los combates entre yihadistas sirios y el ejercito de Líbano en los días pasados, la guerra interna en Iraq, la masacre en Sudan o la situación de abandono que sufre en silencio el pueblo Saharauideseando su independencia desde hace más de cuatro décadas, asunto político que España sigue teniendo abierto y pendiente y del que en España se prefiere no escribir, no hablar, no intervenir, no demostrar…Nadie se considera “experto” en todo lo anterior como para opinar libre y alegremente. Sin embargo queda un misterio para mí como un solo disparo en Israel, en Gaza o Cisjordania merece no solamente toda nuestras miradas y condena (lo cual me parece perfectamente legítimo!), sino que nos ocupa durante semanas en debates frívolos, en los cuales cualquiera se siente perfectamente a la altura de opinar, juzgar, deliberar como si de profundos conocedores de la materia se tratara!?!

¿Este era el precio a pagar para tener un Estado judío Señor Netanyahu?

Haberlo sabido…haber intuido que este Estado cobraría tantas vidas, derramaría tanta sangre propia y ajena, alimentaría el odio y el miedo hacia el vecino y su descendencia, destruiría la continua inquietud y el crecimiento cultural de un pueblo que ha dado tanto a la humanidad sin necesidad de tener un Estado propio!
El mundo allí fuera sigue opinando, desde el sofá o la tumbona en la orilla del mar, mientras levantamos cada día de forma más contundente un NO a la política de ultraderecha de un Israel ya discreditado hasta en los ojos de quienes siempre hemos deseado una convivencia pacífica en esta franja de tierra que hasta hace poco menos de un siglo era un desierto árido, en el que árabes y judíos conocieron la convivencia desde el respeto mutuo.

Escribo estas palabras tras un largo sueño reparador: “el Gobierno de Israel no me representa”, sumando mi sentir a las voces valientes desde la Diáspora y desde Israel, conscientes de la exposición al eterno prejuicio ignorante, peligroso y ciego ante las diferencias y el pluralismo implícitos al pueblo judío. Un prejuicio disfrazado de empatía hacia la población gazís, por una causa política que decidió casarse con aquellos palestinos de los que a nadie importa realmente hasta que lancen un misil o una bomba humana hacia Israel, convocando así la opinión pública a un posicionamiento que nada le aporta a su gente, atrapada en la parálisis y en la pobreza eterna, rehén de un Hamás igualmente indiferente a la suerte del pueblo que supuestamente representa, tal y como reconoce Yousef Mosab Hassan, valiente ex militante de Hamás, en una reciente entrevista desde el exilio. Su historia y su suerte como hijo del fundador de Hamás, el jeque Hassan, se encuentra descrita en su biografía “The Son of Hamás”.

Y mientras siguen muriendo inocentes en Gaza y en Israel, en la web y en las calles europeas se pasean a la luz del sol el odio junto a la ignorancia, el Gobierno de Israel logra enfermar en pocas generaciones en su espíritu, empobreciendo y desprestigiando un pueblo comprometido con su crecimiento cultural, espiritual, intelectual, artístico, anclado en un sentido de responsabilidad y compromiso con la paz y la buena convivencia en el respeto de las diferencias.

Me duele Gaza. Y me duele Israel. Y me duele mi existencia.

Esta enésima guerra tiene dos bandos, fuera y dentro del campo de batalla real.
Y los bandos no se representan por israelíes y palestinos, sino por extremistas y moderados. Así lo expresa la cantante Noa. Solidarizo con su tristeza, frustración, decepción y miedos, tal y como nos los transmite en su conmovedora carta abierta al mundo, publicada en su blog personal y que recomiendo encarecidamente leer. Mujer de arte, diálogo, respeto y paz, a cuya esperanza también uno la mía cuando canta, junto a la cantante árabe Mira Awad

‘Cuando lloro, lloro por los dos,
Mi dolor no tiene nombre.
Cuando lloro, lloro al despiadado cielo y digo: Tiene que haber otra manera…’

Y a mi, como a Noa y a millones de judíos en el mundo, los extremistas no me representan, ni dentro ni fuera de Israel, tal y como manifiesta alto y claro el poeta argentino Alberto Szpunberg refiriéndose a la ultraderecha neoliberal que gobierna hoy el Estado de Israel.

Bibi: No en mi nombre.

Y tu…amiga, amigo: si no conoces, no juzgues, por favor. Tus hijas y tus hijos, nuestros hijos, también te lo agradecerán.

Gabriella Bianco

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