Etiquetas

,

A tres semanas de solicitar formalmente al Consejo General de Enfermería las pertinentes disculpas por difamación y violación de los derechos de autor, aclarando que ni soy doula, ni mucho menos matrona (anterior post del 19/02/2015), he recibido un burofax con una respuesta.

Al leer la carta con atención y tres veces seguidas no salgo de mi asombro: no existe intención alguna de rectificar, ni de pedir disculpas.

Finalmente, cuando leo y releo la frase “Además, no cabe que niegue ud. la posibilidad de este derecho de cita, teniendo en cuenta que el artículo y la fotografía que se atribuye como propios incluyen una traducción libre de un texto propiedad de tercero (…)” ya me pregunto como se puede confundir su “copia y pega” de partes de un artículo e imagen cuyos derechos están explícitamente protegido para su reproducción total o parcial (tal como indicado a pie de artículo), con una cita regular dentro del contexto de un artículo, citando regularmente la fuente y su autor, siendo una “traducción libre” la traducción de un texto original por una persona -en este caso yo misma- que domina el idioma del texto original (citado en su nota correspondiente a pie de artículo) cuya traducción al castellano no está disponible, debido a que el libro en cuestión (en este caso “Atmen, singen, gebären” de Frédérick Leboyer) no está traducido ni editado en castellano!?!

El pasado fin de semana, prestando servicio de atención en crisis como psicóloga en el crucero Costa Fascinosa a más de cien pasajeros reduces del atentado terrorista en el Museo del Bardo en Túnez aprendí nuevamente a dar gracias a la vida. Y me llevo una gran enseñanza, nuevamente por una joven mujer: al cerrar una intervención grupal, sugerí que imagináramos que en el medio del círculo que habíamos creado con nuestras sillas estuviera una hoguera. A continuación propuse que cada persona que quisiera lanzara simbólicamente al fuego lo que no deseaba llevar consigo hasta su casa, algo que le sobraría en la nueva vida que se estaba gestando a partir de ahora, tras haber sobrevivido a tan devastadora experiencia el día anterior…

Una joven mujer fue la primera en hablar:

Yo tiro a la hoguera la ignorancia, esta ignorancia que ahora sé que puede hacer tanto daño y que no quiero, ni necesito que me amargue la vida…Y por esto la quiero dejar aquí. Y la tiro al fuego.

Estas palabras me llegaron muy hondo. Nunca olvidaré su voz, sus ojos, su mirada y su gesto. Eso mismo haré yo con el burofax recibido por el Colegio General de Enfermería: tirarlo a la hoguera para quemar la ignorancia. Y, de paso, también la soberbia.

 

PD: Esta des-aventura me está enseñando cosas muy valiosas e importantes. Una de ella, por ejemplo, es que por mucho que la mayoría de personas sepa leer no dejará de escribir mi nombre con una sola “L”. La otra, muy importante es que tras el “Informe Doula” está siendo maravilloso y fácil discriminar la paja del trigo.

Anuncios