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La vida y la muerte que van de la mano. El inicio y el final de un mismo baile. El ciclo que empieza y acaba. Y empieza y acaba, empieza y…

El rincón de mi tierra natal que “me persigue” desde hace años, apareciendo en mi vida bajo formas y naturaleza distintas… Se cuenta que en Sardegna/Cerdeña, la “isla de enfrente”, la Vida y la Muerte iban acompañadas por las mismas manos hasta poco más allá de finales de los años cincuenta del siglo pasado, cuando aún no acostumbraban a verse hospitalizadas por rutina. Vida y Muerte se encontraban en la intimidad de las casas, deslizándose entre las manos de una mujer, a la vez santa y bruja, admirada y temida, con dos nombres y un mismo cuerpo: sa levadora, s’accabadóra.

Foto: Raffaele Di Pasquale (C)

Foto: Raffaele Di Pasquale (C)

A través de las páginas de dos novelas apasionantes -ambas nacidas en Cerdeña- estas dos figuras encarnadas en una sola se ven retratadas de forma apasionante y misteriosa.

accabadoraLa novela La Acabadora de Michela Murgia llegó a mis manos por una de las magias de la vida. Apareció en el momento exacto en el que tenía que ser, uno de aquellos momentos en los que me pregunto cual será el motivo que justifica tanto sufrimiento, la razón de seguir en vida estando atada a ella por un hilo tan inmensamente frágil, sin conexión casi con el mundo de afuera… Aquel día volvía de visitar a mi madre en Italia. Llegaba tarde al aeropuerto y me quedaban poquísimos minutos para saltar en mi avión de vuelta a Mallorca. Por el pasillo obligado en medio del duty free me acordé que no llevaba nada para leer durante el vaje (casi un sacrilegio, vamos). Casi volando, cogí de la estantería el primer libro que me vino a las manos: Acabadora. La que acaba. “¿Como que la que acaba? ¿Quien acaba con qué?”. Empecé a temblar por dentro tan solo tras las primeras páginas. Pocas horas después me encontraba mirando en el vacío, sentada en mi terraza, con el libro terminado, aún caliente, en mi regazo. El estilo sobrio y poético de Michela Murgia me atrapó en las figuras de Bonaria Urrai, una mujer anciana, sencilla, a la vez poderosa y temida y de Maria, su “fill’e e anima“, así como se definen los hijos cedidos por las madres biológicas a las madres adoptivas. Maria es una hija generada dos veces, “de la pobreza de una mujer y la esterilidad de otra”. La acabadora lleva un aura misteriosa, viste la sombra del miedo que se enciende en los ojos de quienes encuentran su mirada.

Pietrina, la protagonista de Sa levadorahistoria escrita a cuatro manos por Carmen levadoraSalis e Ivan Murgana– nos muestra la otra cara de la misma figura. Pietrina se convierte en partera trabajando en las minas de Bugerru, cuando por primera vez se vio en la tesitura de ayudar a dar a luz a una criatura fruto de la vergüenza, de la violación. Pronto convierte su vocación en amor y se entrega a ello alma y cuerpo. No fue bien vista por su vida apasionada y misteriosa en una Cerdeña de los años ’50, por ser un alma libre, ajena al prejuicio e indiferente a las críticas y a las malas lenguas. Unos la quisieron y otros muchos la temieron por enseñar la cara de una mujer sarda fuerte, libre, determinada y esquiva. Una historia fascinante, fruto de una investigación minuciosa que nos confirma la importancia de buscar en nuestro pasado para poder llegar a conocernos mejor y dar un sentido nuevo a la vida…

Dos mujeres, Bonaria y Pietrina, o una sola con dos caras. Una tierra mágica que me atrae y que visito a través de las páginas de estos libros, que recomiendo a quienes creen poderse apasionar por las verdades silenciadas de una Cerdeña aún por descubrir.

Foto: Raffaele Di Pasquale (C)

Foto: Raffaele Di Pasquale (C)

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